Federico Berrueto
A todas luces, fue una decisión muy desafortunada iniciar una guerra en Chihuahua por un operativo exitoso en el que estuvieron presentes agentes de la CIA para destruir el laboratorio de fentanilo más grande del país. La presidenta Sheinbaum se envolvió en la bandera nacional y por la vía judicial y política la emprendió contra la gobernadora Maru Campos; ni por asomo contra el gobierno norteamericano por violentar los acuerdos y el régimen de coordinación convenido.
Ariadna Montiel ha incurrido en un desgaste inmediato. Su ungimiento se dio en medio del caso Sinaloa, el mayor escándalo que ha habido en la política nacional. No guarda precedente y sus efectos son graves en extremo. De alguna manera plantea el fin dramático de una época y de un régimen político. Morena no solo enfrenta desafíos electorales mayores, sino que, por la vía judicial norteamericana, podría ser declarada organización terrorista extranjera. No hay manera de sobrevivir en tal circunstancia.
Aunque nada sucediera en el plano judicial, Morena enfrenta un desafío mayor porque es un partido que, como el PRI de antes, interpreta y asume un resultado adverso como el principio del fin. El tricolor no pudo transitar con facilidad por la competencia y la alternancia. Sus dirigencias colapsaron hacia el cierre del siglo porque cada resultado adverso se percibía como un ominoso fracaso. Así podría suceder con Ariadna Montiel.
Lo peor para enfrentar la competencia política es la soberbia. Ir a Chihuahua a declararle la guerra a la gobernadora mediante una movilización fue una torpeza mayúscula; no había margen de error porque era la primera operación política de la nueva dirigencia. Si el PAN tenía condiciones adversas para la próxima elección, Morena ha hecho todo para revertirlas; dejan testimonio de que el gobierno panista actúa como ninguno para combatir a los criminales y de que Morena es el centralismo. Además, en el gobierno y en Morena no dimensionan lo que significa el caso de Sinaloa. Por si fuera poco, no han pensado, fuera de la cúpula morenista, cómo es percibido el hijo del expresidente López Obrador. Una primera batalla fallida, desangelada y repudiada por lo que ahora representa la mayor debilidad del grupo gobernante: el desapego a la realidad.
Para desgracia de la dirigencia vienen las elecciones de Coahuila. Si tiene suerte, Morena ganaría uno o dos distritos; no se descarta pierda todos. Seguramente el resultado atiende principalmente a la situación local, al bien hacer de los del PRI y al mal hacer de los opositores. Sin embargo, esto inevitablemente se verá como la primera prueba electoral de la nueva dirigencia y, desde ahora, está dibujada la derrota. De poco servirá decir que fue Luisa María Alcalde y López Beltrán los responsables de la elección. La derrota se le escriturará a Ariadna Montiel, además, avocada a la muy complicada selección de candidatas y candidatos a gobernador con un año de anticipación a los comicios.
Se entiende que la presidenta Sheinbaum mantenga una postura firme y de defensa de su gobierno y de los suyos. Así es porque bien sabe las amenazas que enfrenta. Se tenía que defender con todo a los diez de Sinaloa para que no se apanicaran los muchos con pecado en todo el país. Ya se sabe que no se requiere de extradición, ni siquiera de un proceso legal para ser privado de visa, tampoco para que el FinCEN, del Departamento del Tesoro, determine el congelamiento de cuentas que la UIF, la Comisión Nacional Bancaria y las instituciones financieras deben acatar.
El problema no es qué se dice o hace desde el poder, sino la realidad y el estado de indefensión en el que se encuentra cualquier señalado o acusado por las autoridades norteamericanas. Morena seleccionará candidatas y candidatos a gobernador el próximo mes. ¿Qué sucedería si se hace público el retiro de visa de EU a uno de los ungidos? Todavía peor, ¿si aparece en las indagatorias derivadas del contrabando de combustible, del financiamiento de campañas con recursos del narco o del crimen, o de posibles vínculos delictivos?
El gobierno norteamericano ha obtenido pruebas, testimonios e indicios derivados de acciones de inteligencia. El subsecretario de Estado, Christopher Landau, es un profundo conocedor de México, embajador durante cuatro años. Igual puede decirse de Terry Cole, director de la DEA, y del embajador Ronald Douglas Johnson, pieza mayor en la lucha contra el terrorismo asociado al narcotráfico.
Ominoso horizonte para Morena y el régimen político.







