Luis Alberto Vázquez Álvarez
“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”, aseveró el poeta Antonio Machado.
En la humana historia política mexicana, son varios los casos en que la soberbia del poderoso en el poder destruye la ambición del candidato que sueña con un cargo importante; pero esto sucede únicamente cuando existe la posibilidad de que la candidatura triunfe, cuando los partidos son débiles, la amistad subsiste y a veces, ni siquiera surge el conflicto por falta de candidatos.
Algunos de los casos históricos más significativos fueron la separación política entre el general Bernardo Reyes y Porfirio Díaz hacia 1909/10, cuando el viejo dictador decidió siempre sí reelegirse. En ese momento lo importante era la vicepresidencia ante la posibilidad de que Díaz no llegara vivo al final del sexenio (1916). El segundo nacional sería el nuevo líder perpetuo. Su gran amigo, creador y jefe del moderno ejército mexicano: Bernardo Reyes creía poseer las cualidades para ese cargo, pero Díaz prefirió a Ramón Corral y el militar disciplinado, de gran arrastre popular y gobernador de Nuevo León, apoyado por la unión «reyista» se lanzó fallidamente a la vicepresidencia, y si bien, no hubo levantamientos armados, la confianza mutua Díaz-Reyes quedó finalmente destruida, y al último, ni para uno ni para otro.
1920 Álvaro Obregón, el genial divisionario, consolidó a Carranza en el poder absoluto tras la revolución/constitución, y quería el poder. Aquel prefirió a Ignacio Bonillas. El “Triunvirato sonorense” (Obregón/Calles/De La Huerta) con el “Plan de Agua Prieta”, asesinó a Carranza y creó la doctrina postrevolucionaria del México del siglo XX, aunque luego esa alianza tronaría todos contra todos por la misma ambición que estamos tratando.
Lázaro Cárdenas robusteció la disciplina al Presidente/líder partidista, =nada de concordatos al interior del partido= Esto se mantendría incólume hasta 1988 cuando su hijo, Cuauhtémoc no quiso obedecer la designación de Salinas de Gortari y creo su “Corriente Democrática” que a la larga permitió el cambio de rumbo que ahora estamos viviendo, después de varios tumbos y disgustos.
¿Por qué hoy conflictos tan graves no los observamos en los partidos de oposición? Como lo decía al principio: “Pa’ que peliarse por algo que ni va a darse…”. Por décadas los panistas fueron muy amigos, no había nada que repartir; luego que hubo, =Adiós doctrina, bye bye ideología, la lana, la lana=. Algunos líderes partidistas están “agarrando” lo que “aiga” para candidatarlos, como el “botox tricolor” que con su inmoral proceder manda amantes, guaruras y perritos falderos a puestos que todos sabemos no van a obtener. Otros definitivamente se conforman con seguir lucrando con su “cartel inmobiliario” buscando apoyo extranjero vendiendo a la nación para recuperar su capacidad de asalto al erario. Hay por ahí un tal Lupita Cucarachitas, sueña con un partido que le llene los bolsillos, quebró al PRD; usa a “Somos” le dará varias decenas de millones y en julio fenecerá, pero hará otro y así hasta que la ley electoral cambie y evite que vividores del erario obtengan ostentosas fortunas creando partidos políticos. En Michoacán MC se va a llevar una sorpresa plenamente anunciada; en su codiciosa desesperación opta por una candidata que trae mucha cola turbia y están esperando el momento para estirársela y mostrarla, ella con escasísimas luces mentales se ha ido enredando más y más.
Donde sí existen fuertes probabilidades, las patadas bajo la mesa y el “fuego amigo” están ardiendo: lo mismo entre candidatos que entre partidos miembros de la alianza. Mientras en la oposición el dictador más corrupto de la historia PRIsta llora y suplica a su antiguos aliados que lo sigan y nadie le hace caso, porque así conviene ahorita mientras se envaselinan porque retornó el fantasma de la Ch…; en la alianza oficial, los partidos que subsisten gracias a ella amagan con abandonarla, sueñan embabucar que sin ellos, todo está perdido; ambos me recuerdan la fábula de la zorra y las uvas de Esopo; quieren los frutos más apetitosos, pero esos están muy alto, son inalcanzables; cansados de saltar y saltar, se van con las bancadas vacías murmurando, “que al cabo estaban verdes y ni queríamos curules…”






