Tony Flores vs el Congreso: una disputa entre rufianes
Sin virtud en ninguna de las partes, el petista Antonio Flores Guerra y la mayoría legislativa de Coahuila han protagonizado una ‘confrontación’ en la cual ha quedado clara solo una cosa: a nadie le importa el prestigio institucional
Carlos Arredondo Sibaja
Digámoslo pronto: en el “pleito” -por llamarle de alguna forma- entre el diputado local petista Antonio Flores Guerra y la mayoría dominante en el Congreso de Coahuila, la virtud no se encuentra de ninguno de los dos lados. Porque, la verdad sea dicha, en estricto sentido estamos atestiguando una contienda entre canallas.
Y aunque la síntesis del enfrentamiento es muy simple, conviene siempre tener en cuenta las circunstancias en las cuales se ha desarrollado este culebrón de bajo presupuesto, para coincidir en la caracterización del hecho. Sirve bien, para ello, el clásico esquema de la obra de teatro:
Primer acto: Flores Guerra, actual integrante de la Legislatura Estatal, decide optar por la reelección al cargo. Consigue para ello la nominación de la coalición integrada por Morena y el PT en el distrito 6, con cabecera en Frontera, y se convierte en candidato. Opta, como lo permite la Ley, por no solicitar licencia a su cargo de diputado, sino “campechanear” entre la actividad legislativa y la campaña.
Segundo acto: previo al inicio de las campañas, el diputado petista faltó a las sesiones del pleno correspondientes al 28 de abril y el 4 de mayo, pero la presidenta de la mesa directiva, Marimar Arroyo, informó al inicio de ambas sesiones de la existencia de una “causa justificada” para ello.
Luego, ya durante el período de campañas (5 de mayo al 3 de junio) tuvieron lugar, estrictamente, tres sesiones del Congreso, los días 12, 19 y 26 de mayo. A dos de esas -las del 12 y 19 de mayo- Flores Guerra no acudió, pero en ambas se informó lo mismo: había “justificado” su inasistencia. Hasta allí, había acumulado cuatro ausencias consecutivas.
Tercer acto: pese a todo lo anterior, el diputado petista asistió, sin extrañamiento ni reclamo alguno de por medio, a las sesiones del 26 de mayo y el 4 de junio, es decir, las inmediatas siguientes a sus cuatro faltas consecutivas. De hecho, en ambas sesiones ocupó la tribuna y presentó “puntos de acuerdo”. Sin embargo, para la sesión correspondiente al 9 de junio, la Junta de Gobierno acordó sacarle la tarjeta roja… por faltista.
El de Múzquiz, como se ha reseñado de forma prolija, se atrincheró en su curul y, ante la novatez e impericia de la presidenta de la Mesa Directiva, Marimar Arroyo, terminó “reventando” la sesión. Sin embargo, lograron echarle para las sesiones del 16 y 23 de junio.
Epílogo: Flores Guerra tramitó un amparo en contra de la decisión de la Junta de Gobierno y obtuvo una suspensión provisional. Su suplente, Fernando Rodríguez, según se dijo, también se amparó. Y como ambos habrían obtenido la protección de la justicia federal, la Junta de Gobierno optó por la más insólita, absurda y chapucera de las “decisiones salomónicas”: permitir al petista estar presente en la sesión del pasado 30 de junio, pero sin voz ni voto.
Huelga decirlo: estamos ante un absurdo monumental, ante una muestra gigantesca del nulo respeto de quienes integran el Poder Legislativo de Coahuila por su función y para con la ciudadanía. Todo está mal en esta trama. No se trata de un pleito entre buenos y malos, sino entre malos y peores, sino de una carrera de indecencias cuyos protagonistas dejan claro cómo el respeto a las normas y la institucionalidad democrática son excentricidades.
Insisto: no hay virtud en ninguna de las partes. Flores faltó, en efecto, a cuatro sesiones consecutivas y no fue por estar enfermo ni cualquier otra causa “justificada”. Eso exigía el aplicarle la ley y suspenderlo en sus funciones. Pero sus contrapartes decidieron avalar su conducta -como se la avalan todos entre sí para faltar a sus funciones sin consecuencia- y existe registro público de ello; cualquiera puede consultar las grabaciones de las sesiones, en el canal de YouTube del Congreso, y constatarlo.
Ya luego, a partir de lógicas extra legislativas, decidieron “castigarlo”, darle un escarmiento… nomás porque pueden; nomás porque no tienen empacho en exhibir su talante despótico, aunque ello implique manchar la imagen de las instituciones públicas.
@sibaja3
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