Luis Alberto Vázquez Álvarez
La historia repudia a gobernantes que, tras dejar o perder el poder, regresaron envueltos en promesas de orden, gloria o estabilidad, pero cuyas segundas etapas terminan en rotundos colapsos políticos o sociales, es decir, fueron peores que las primeras y la destrucción fue final, pero luego llega la inexorable reivindicación y surge la gracia popular, tardía, pero justiciera y hasta vengativa.
Esta reflexión metafórica analiza lo que estamos empezando a vivir nosotros, por ello expongo ejemplos catastróficos de nuestra historia de segundas partes desastrosas:
1808, España es invadida por Napoleón Bonaparte, quien se apodera de ella, toma prisioneros al rey Carlos IV y a su hijo (futuro Fernando VII); los obliga a abdicar a favor de su hermano José (Pepe Botellas). El pueblo español lucha ferozmente en nombre de su rey cautivo, («El Deseado») =Miguel Hidalgo lo proclama en el grito de Dolores=. El pueblo triunfa y expulsa al invasor; Las Cortes de Cádiz proclaman la Constitución de 1812, esperando que el rey la jure a su regreso. Este, al volver traiciona las expectativas populares: deroga la Constitución, reinstaura el absolutismo, persigue con saña a quienes lucharon por la libertad e instaura un régimen de terror político. Su terquedad y mala gestión económica sume al imperio en inestabilidad política, quiebras financieras y pronunciamientos militares. Los virreinatos se independizan. Es obligado a jurar la constitución y provoca sangrientas guerras fratricidas llamadas “Carlistas”.
1853: Autoexiliado después de la catastrófica guerra con Estados Unidos, los conservadores (eternos enemigos del pueblo y amantes de privilegios para su casta), llamaron de vuelta a Antonio López de Santa Anna, creyendo era el único capaz de pacificar el país. Él se autoproclamó «Su Alteza Serenísima», instauró una dictadura represiva, persiguió a la oposición y cobró impuestos absurdos (ventanas, puertas y perros). Vendió “La Mesilla” a USA. El pueblo descontento provocó la Revolución de Ayutla expulsándolo definitivamente, borrándolo del panorama político como el peor gobernante del México decimonono.
El error común de estos regresos suele ser el anacronismo: los gobernantes intentan aplicar las mismas fórmulas del pasado a un país cuyas dinámicas sociales y políticas ya han cambiado por completo durante su ausencia.
La “Perla de La Laguna” vive hoy en carne propia este horror. Se le ha impuesto un anterior saqueador como alcalde sustituto Si recordamos su primer mandato, dejó mucho a deber, ya podemos imaginarnos, según experiencias históricas, lo que nos espera ahora. Llegó al cargo como marioneta del moreirato, logró su título académico nombrando al director de su escuela como regidor del ayuntamiento. Eso es nada, destruyó el monumento al Torreón de la entrada a la ciudad y excavó un gran pozo que iba a ser una central camionera y comercial. Esta se derruyó con lo poco construido; solamente quedan escombros. Ahí sería el culmen de un Metrobús que uniría la zona conurbada de la región. Se construyeron mamotretos de fierro y vidrio en el bulevard Revolución, se levantó una capa de asfalto “especial” para soportar camiones que transportarían decenas de pasajeros, se gastaron miles de millones de pesos y no hay nada de nada sino estrafalarios armatostes que estorban la circulación y afean esa rúa. Solo basura dejó como recuerdo.
En el centro mismo de la ciudad, donde por décadas fue el orgullo de la ciudad, Morelos y Colón; aprovechando casas señoriales arrebatadas con irregularidades legaloides, concentró la “Zona de Tolerancia” antes dispersa por toda la ciudad, dándole un sentido funcional simulado, llenó ambos paseos de “antros” propiedad de sus amigos más íntimos. Ese lugar es ahora escenario de grandes bacanales que terminan en pleitos juveniles. Cambió el sentido de la calle Enrique Treviño (24) según esto para las ambulancias del IMSS, solo que lo hizo en contra (sur a norte) cuando lo que se requiere es a la inversa para llevar las ambulancias de las colonias y vías de norte a las clínicas 16 y/o 71, ahí lo que importó fueron las comisiones por cada semáforo adquirido innecesariamente, aunque quedaron tres vías en el mismo sentido (23 y 25).
Ahora quienes saben que podrán obtener privilegios en este segundo mandato, porque le conocen mañas y costumbres, le felicitan públicamente; mientras el pueblo, sabiendo lo que le espera, calla, pero ya hablará y castigará.








