viernes 8, mayo, 2026

FRACTALIDADES

La vida de Isaiah Berlin

Las referencias históricas y el conocimiento filosófico que necesitamos para seguir siendo personas independientes, ciudadanos íntegros y responsables, en un mundo incierto y turbulento, en cierta forma están en la vida liberal del propio Berlin

Salvador Hernández Vélez

“Isaiah Berlin: Su vida” es un libro del ensayista, académico y expolítico canadiense Michael Ignatieff. Sobre esta gran biografía, Doris Lessing afirmó en el Times Literary Supplement: “Este libro transmite la sensación de estar entendiendo no sólo a Berlin, sino también la historia. No habrá biografía más brillante de este hombre notable”. Isaiah es, sin duda, uno de los pensadores más importantes del siglo 20. Además, destaca su obra sobre la historia de las ideas: la filosófica, política y literaria. Fue un excelente diplomático británico en Estados Unidos, Alemania, Rusia, entre otros países, y un importante protagonista en la formación del Estado de Israel.

Isaiah Berlin es producto de tres culturas: rusa, judía y británica. Nació el 6 de junio de 1909 en el Imperio ruso, en Riga, Letonia; sus padres fueron Mussa Marie Berlin y Mendel Berlin. Vivió su infancia en Petrogrado, donde a los ocho años fue testigo de la Revolución bolchevique de 1917. Luego su familia se trasladó en 1921 al Reino Unido, donde estudió en Oxford. Cuando murió, en 1997, fue recordado como el mayor filósofo de una época liberal.

En Inglaterra siempre se sintió como en casa, aunque se consideraba un judío-ruso. Su liberalismo nunca constituyó una doctrina, sino más bien una psicología de la vida liberal. Se planteó, de manera práctica, qué significa vivir con libertad. El recuerdo de 1917, en Petrogrado, reforzó su horror hacia la violencia física y su recelo ante los experimentos políticos: “Había sufrido la sensación de estar encarcelado, sin contacto con el mundo exterior, el estar continuamente espiado, las detenciones repentinas y el sentimiento de impotencia total frente a los caprichos de cualquier vándalo vestido de bolchevique”. Con el tiempo, sostenía que él aceptaba más o menos todo lo que los ingleses suelen creer de sí mismos: que son prácticos, descuidados, excéntricos, imparciales, empíricos, con sentido común y –esa palabra ubicua– personas decentes.

En noviembre de 1932 fue el primer judío aceptado en All Souls y el tercero en recibir un fellowship (que es una oportunidad de crecimiento profesional intenso y orientada a la excelencia en un campo específico) en todos los colegios de Oxford. A los 23 años entró al club más selecto de la vida inglesa, un colegio donde ministros de gobierno, directores del periódico The Times y las figuras intelectuales más destacadas de la época se mezclaban en términos de igualdad. No obstante, fue en Estados Unidos donde tuvo contacto directo con políticos, líderes sindicales, congresistas, periodistas y compañeros propagandistas, cuando el realismo se convirtió en un elemento de su carácter. Allí aprendió cómo se llevan a cabo los asuntos de la vida: cómo hacer tratos, cómo se crean ilusiones y cómo se utilizan, cómo se moldea y altera la opinión.

En 2026, después de haber transcurrido el primer cuarto del siglo 21, el mundo transita hacia un futuro incierto, donde la democracia liberal enfrenta situaciones jamás pensadas. El escenario mundial ya no es liberal. En muchos países del mundo nos enfrentamos a gobiernos populistas y demagogos, tanto de derecha como de izquierda. La tolerancia, civilidad, compasión y sentido del humor se encuentran muy lejanos.

Ante estas circunstancias, sostiene Ignatieff, Berlin sigue estando vigente porque siempre se planteó cómo vivir en libertad; y en un mundo en donde es muy difícil distinguir entre conocimiento y opinión, rumor y hecho, verdad y ficción, las cuestiones esenciales de la vida libre –como pensar por uno mismo, contar con ideas propias o elegir frente a situaciones complejas e inciertas– son cada día más difíciles de lograr.

Las referencias históricas y el conocimiento filosófico que necesitamos para seguir siendo personas independientes, ciudadanos íntegros y responsables, en un mundo incierto y turbulento, en cierta forma están en la vida liberal del propio Berlin, así como en sus ensayos y estudios históricos. Mario Vargas Llosa, en el prólogo del libro de Berlin, “El Erizo y el Zorro”, agrega que sus “…obras, a la vez que producen un raro placer por su erudición y brillantez intelectuales, prestan una ayuda invalorable para entender en toda su complejidad los problemas morales e históricos que enfrenta el hombre contemporáneo”.

jshv0851@gmail.com

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