‘Contra la tentación populista’
Slavoj Žižek, filósofo esloveno, cuestiona la tentación populista que invade nuestro planeta en pleno siglo 21
Salvador Hernández Vélez
En el prólogo del libro “Contra la tentación populista”, Slavoj Žižek plantea una pregunta fundamental: ¿qué es hoy la filosofía? A partir de ahí, sostiene que muchos de los problemas que tradicionalmente pertenecían a este campo ahora son abordados cada vez más por las ciencias. Así, cuestiones ontológicas sobre la naturaleza del universo –como sus límites en el tiempo y el espacio o la tensión entre determinismo y contingencia– son hoy objeto de la cosmología cuántica. De igual manera, interrogantes antropológicos como la libertad y la voluntad se investigan desde el estudio del desarrollo evolutivo del cerebro. Incluso las experiencias místicas y espirituales comienzan a explicarse en términos de procesos neuronales, lo que sitúa a las neurociencias en un ámbito antes vinculado con la teología. Frente a este panorama, la reflexión filosófica no desaparece, sino que encuentra un nuevo lugar: el análisis crítico de las condiciones epistemológicas que hacen posible el conocimiento científico.
En este libro, el filósofo esloveno cuestiona la tentación populista que invade nuestro planeta en pleno siglo 21. Empieza señalando que “uno está acostumbrado a escuchar a los que se quejan de la creciente apatía de los votantes o de la cada vez más baja participación popular en política… hablan constantemente de la necesidad de que las personas se movilicen en iniciativas surgidas de la sociedad civil, de que se involucren más en el proceso político. Sin embargo, cuando la gente se despierta de su modorra apolítica, lo hace invariablemente bajo la forma de una revuelta populista de derecha, y acaba no siendo raro que muchos tecnócratas liberales ilustrados se pregunten si aquella ‘apatía’ no era, en el fondo, una bendición”.
Para Žižek, “el populismo surge cuando una serie de demandas ‘democráticas’ particulares (por más seguridad social, mejores servicios de salud, menos impuestos, más compromiso con lograr la paz, etcétera) se encadenan en una serie de equivalencias, y ese encadenamiento genera al ‘pueblo’ como sujeto político universal. Y es precisamente por medio del encadenamiento de las equivalencias que el pueblo emerge como sujeto político y así las distintas luchas y antagonismos particulares toman la forma de un enfrentamiento antagónico global entre ‘nosotros’ (el pueblo) y ‘ellos’. Pero deja claro que el contenido del ‘nosotros’ y el ‘ellos’ no es algo previamente establecido…”.
Žižek pone como ejemplo las demandas particulares de Solidaridad en la Polonia de los años ochenta, las cuales se elevaron, durante el proceso, hasta encarnar el rechazo general del pueblo al régimen comunista. El filósofo cita a Michael Walzer, quien en su obra “Thick and Thin” (1994) pone de manifiesto la gran manifestación en las calles de Praga, en 1989, que derribó al régimen comunista. El grueso de las pancartas simplemente decía “Verdad”, “Justicia” o “Libertad”, tópicos generales con los que hasta la dirección del Partido Comunista debía concordar. La clave estaba, por supuesto, en el entramado de reclamos gruesos (específicos, determinados) a favor de la libertad de prensa, elecciones pluripartidistas, etcétera, que daban a entender lo que el pueblo realmente quería decir cuando usaba eslóganes simples y generales. En definitiva, no era sólo una lucha por la libertad y la justicia, sino por el significado mismo de esas palabras.
En el populismo, el enemigo se externaliza o se reifica en una entidad espectral (por ejemplo, el PRIAN), cuya aniquilación restablecerá el equilibrio y la justicia. Para el populista, sostiene Žižek, la causa de los problemas nunca es el sistema como tal, sino el intruso que los corrompe (especuladores y financieros, por ejemplo, y no necesariamente los capitalistas); no se trata, en definitiva, de un vicio fatalmente inscrito en la estructura, sino de un elemento que no desempeña correctamente su rol dentro de ella. También se sugiere la posibilidad de que el elemento de identificación común que mantiene unida a una multitud pueda pasar de la persona del líder (en México, AMLO) a una idea impersonal (la 4T).
Pero al final, Žižek precisa que la amenaza principal a la democracia en los países democráticos actuales es la muerte de lo político por medio de la mercantilización de la política. El populismo es también consumo; no olvidemos ese cuestionamiento.







