(Alberto Lomnitz se tira un clavado a la inmensidad del vacío emocional)
Raúl Adalid Sainz
Sí, cuando un actor se lanza al vacío de la pasión teatral y actoral, hay que celebrarlo.
Ayer estuve presente en el monólogo de este actor querido, con el cual tuve el gustazo de vivir su dirección (espectáculo «Paah») hace algunos años.
Alberto Lomnitz, está en plan de gran actor. Vivo, sobrio, verosímil, y con una pasión serena de luz por el teatro.
Su monólogo «Acomodar», es una ventana al amor, a la soledad ausente de la pareja, al no encontrar sentido en esa lejanía. Un tomar de manos juntos se pierde. Un viaje está a punto de comenzar en un cuarto de hotel moderno, en un Honk Kong de noche abigarrada. Lomnitz, en su personaje, descifrará cada minuto de estrella en sus recuerdos que tendrán una parada final.
¿Qué encierra la soledad y el enfrentamiento a ella en un cuarto de hotel? Este será un espejo vivo interesante para el espectador. Espléndido texto del francés Pascal Rambert. Una narrativa que hace visible y viva a la palabra. La vuelve acción dramática.
El actor la toma y crea su sinfonía. Un gran reto que Alberto asumió con entereza y talento creativo vivo. Muchos conocen a Alberto Lomnitz como director teatral, él tiene ya una etapa como actor que se está significando, y mucho.
Hoy tendrá su última función en el Foro de las Artes, de Río Churubusco y Tlalpan. Seis de la tarde. Recomiendo mucho está magnífica obra teatral.
Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan







