(Un homenaje a Héctor Mendoza a mondo y lirondo)
Raúl Adalid Sainz
Un espejo nos confronta, nos busca para revelarnos un mundo incomprensible para muchos.
¿Qué es la vida del teatro, de los directores, de los actores, de todos los que componen una compañía teatral?
Héctor Mendoza, autor de la obra «Misantropías» (el gran pedagogo moderno de la actuación en México) posa su mirada en la compañía de «Alceste», de «Juan», que no es otro que el gran hombre de teatro, Moliere.
Ese espejo, ese mirador de inicio, nos reflejará eso que llaman la vida. Esa misión del teatro que desnuda el comportamiento humano. Distintos planos donde se confunde la realidad con la ficción. ¿Qué es la ficción y la realidad para Moliere? Un juego siniestro sin ambages.

La obra revela la mente, los sentimientos de un ser tocado por la sublime gracia del talento. Los vicios de carácter de sus personajes se revelan en él. Él fue el constructor de todos ellos y ahora se revelan en un espejo deformante. Nada es verdad, nada es mentira, todo es cuestión del cristal con que se mire. La realidad no es la verdad, quizá esta se esconde en la ficción. Eso parece decir Héctor Mendoza en su Moliere misántropo. Ese que no hace concesiones ante el género humano, ese mordaz e irónico, ese que no hace pactos, que dice verdades incómodas.
Luis De Tavira, director de la obra, va más allá de dar lectura escénica del texto. Va al reto de descifrar a su mentor, a su maestro. A decir quién era Héctor Mendoza en su Moliere, y quién es Luis De Tavira como ser humano y hombre de teatro. Realidad y ficción se encuentran, discuten. En el teatro se revela la vida. Nosotros espectadores, enfrentamos nuestros propios enigmas.
¿Qué tanto hay de Moliere en nosotros? ¿Qué tanto somos auténticos o rameras, ante las circunstancias de decisión que impone la vida? ¿A qué responden nuestros celos, envidias, el amor cuando se agota, qué del ego malsano de muchos llamados artistas? La obra desnuda, y a veces parece decir: esos seres que parecen de otro mundo, los artistas, no son más que cualquier ser humano, con sus miserias, y todas sus limitaciones.
Así que Luis De Tavira interpreta lo anterior a monda y lironda. Sin ambages, va a la raíz sin artificios. El tiempo le ha revelado con la edad: quién era su maestro, al menos se acercará a ello.

En «Misantropías», el teatro espacial (en este caso el Julio Castillo) es un personaje más. Está vivo, presente. Luces, fondo negro, bambalinas, cuerdas, entrada de actores, carro escenográfico, es un todo.
Héctor Mendoza, Luis De Tavira, actores, técnicos, músicos, cuerpo de baile, hacen una danza teatral. Moliere palidecerá, se trastocará ante la carcajada sardónica de sus propios personajes, de su mundo teatral, sagrado para él. La realidad hará que sus pensamientos, y su débil humanidad, lo electrocuten con rayos azules finales devorantes.
Pero así es: el teatro, la actuación, lo pide todo. Es como una mujer celosa.
Luis Rábago, actor mendozino, está maravilloso en su recreación de Moliere. En 1994, había hecho este mismo personaje. En la primera escenificación de «Misantropías», dirigida por Flora Dantus. El tiempo le habrá revelado muchos mundos ocultos, dejados en el armario de interpretar para el buen Luis Rábago. El tiempo y la vida abren cerrojos pendientes. Arturo Beristáin, actor también formado con Héctor Mendoza, está entrañable en la interpretación de su personaje.
El elenco actoral en general es estupendo. Solvente, talentoso y comprometido. Un sólido ejemplo en producción por la Compañía Nacional de Teatro.
Yo, a tres días de haber visto la obra, me pregunto: ¿qué es el teatro? ¿Qué es la vida? ¿Y quién soy yo dentro de este concierto? Pero también me digo: ¿Acaso importará?
Mil gracias a todo el equipo por este gran trabajo teatral.
Ficha técnica:
Obra: «Misantropías»
Autoría: Héctor Mendoza.
Dirección: Luis de Tavira.
Elenco: (Compañía Nacional de Teatro): Luis Rábago, Arturo Beristain, Octavia Popesku, Roldán Ramírez, Marissa Saavedra, Georgina Arriola Martínez y Estefanía Norato.
Música Original y Diseño Sonoro: Sebastián Espinosa Carrasco.
Músicos en escena: Elvira Marzal y Sebastián Espinosa Carrasco.
Producción: Compañía Nacional de Teatro (CNT) – INBAL.
Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan







