sábado 28, marzo, 2026

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Redes sociales y tabacaleras: los infames paralelismos

Las empresas detrás de Instagram y YouTube fueron condenadas en la semana al pago de millonarias multas e indemnizaciones tras encontrárseles responsables de dañar la salud emocional de personas concretas. Es el primer paso hacia la rectificación de su conducta

Carlos Arredondo Sibaja

Esta semana se ha registrado un hito histórico en la biografía de las redes sociales. Dos cortes de Estados Unidos impusieron millonarias sanciones a las empresas Meta (Facebook/Instagram) y Google (YouTube), tras encontrarles culpables de dañar intencionalmente la salud emocional de personas concretas.

Toda proporción guardada, las sentencias contra Meta y Google en las cortes de Nuevo México y Los Ángeles constituyen el equivalente de lo ocurrido en su momento a Philip Morris y demás empresas tabacaleras condenadas a finales de los años 90 al pago de indemnizaciones multimillonarias. Y digo “toda proporción guardada”… porque este caso apunta para ser aún mayor.

La comparación no es gratuita. Las similitudes en la evolución de los casos resueltos esta semana, con el de las tabacaleras, ya ha llevado a diversos analistas, abogados y legisladores estadounidenses a bautizar este episodio como el “Big Tobacco moment de Silicon Valley”.

Existen al menos cinco puntos críticos de similitud entre el caso de las tabacaleras (Big Tobacco, como se les conoce en inglés) y el de las redes sociales (Big tech):

1. El conocimiento del daño. Tal como ocurrió con los productores de cigarrillos, en el juicio de esta semana en Los Ángeles se demostró cómo los ejecutivos de Meta y Google sabían de los efectos adversos causados por sus plataformas en las personas y cómo éstos agravan la depresión, la ansiedad y la dismorfia corporal en menores. Aun así, tomaron decisiones para privilegiar el “engagement”, es decir, el tiempo en pantalla, sobre la seguridad.

2. La ingeniería intencional para provocar adicción. Tal como las Big Tobacco hicieron en su momento, manipulando los niveles de nicotina y añadiendo amoniaco a los cigarrillos para generar una dependencia física, las Big Tech utilizan diseño conductual y algoritmos con los cuales “secuestran”, literalmente, el sistema de dopamina del cerebro humano.

3. La ausencia de advertencias al consumidor. Durante décadas, y a pesar de recibir solicitudes puntuales en ese sentido, las tabacaleras se resistieron a incluir etiquetas advirtiendo sobre los efectos nocivos para la salud derivados del consumo de cigarros. Las Big Tech no solamente no advierten de los riesgos inherentes a su uso: se presentan como herramientas inocuas cuyo noble fin es “conectar comunidades”.

4. La estrategia de “atraparlos de por vida”. La tabacaleras diseñaron en su momento campañas dirigidas a captar consumidores jóvenes a partir de una premisa: la adicción construida a temprana edad es prácticamente imposible de romper. Las empresas de redes también lo tienen claro: las mejores víctimas son los niños, pues se trata de individuos cuyos cerebros no han terminado de desarrollar la corteza prefrontal de la cual depende el desarrollo de los mecanismos de auto control.

5. Negar sistemáticamente los hechos. Tal como los ejecutivos de las tabacaleras negaron, miles de veces, la existencia de evidencia respecto de la capacidad adictiva de la nicotina, las defensas de Meta y Google alegaron, en los juicios en los cuales fueron derrotados, la inexistencia de una “adicción formal” a las redes sociales y recurrieron a un argumento clásico: la salud mental de un adolescente es un asunto muy complejo como para responsabilizar de ello a una sola aplicación.

Tal como ocurrió en su momento con las Big Tobacco, ahora vendrá un auténtico tsunami de demandas en contra de las empresas de redes sociales. Ya hay miles de ellas haciendo fila en múltiples cortes de los Estados Unidos. Le seguirán, sin duda, numerosos juicios en todas partes del mundo.

Esto no implicará, debemos tenerlo claro, la desaparición de las redes, tal como no desaparecieron los cigarrillos en su momento. Solamente dará paso a una etapa de mayor cuidado, por parte de las empresas, al momento de programar sus algoritmos. Lo demás, como en el caso de los cigarros, nos toca a los consumidores.

Seguiremos en el tema.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

carredondo@vanguardia.com.mx

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