sábado 25, julio, 2026

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Todo está mal en el caso del perrito Rocky

El episodio de Rocky nos ha retratado como una comunidad integrada por individuos -no todos, pero sí muchos- en búsqueda de cualquier pretexto para expulsar el odio acumulado en el pecho. Haremos bien en no desperdiciar la oportunidad de reflexionar sobre ello

Carlos Arredondo Sibaja

El caso del perrito Rocky, cuyo lamentable deceso ocurrió el miércoles pasado, ha puesto al descubierto los elementos más desagradables de nuestra personalidad colectiva. Me refiero, desde luego, a la personalidad de los saltillenses.

Porque, como lo adelanto en el título de esta colaboración, todo, absolutamente todo, está mal en este asunto. Me explico:

Está mal, en primer lugar, la conducta de la dueña del animal pues, al margen de las circunstancias en las cuales ocurrieron los hechos, sus actos son, por un lado, conductas condenables porque se inscriben en el terreno de la violencia y el maltrato y, por el otro, ilegales al existir una norma expresa en la cual se les tipifica como delitos.

Está mal, enseguida, la “explicación” ofrecida por la propietaria de Rocky en relación con lo ocurrido. El texto publicado por ella en sus redes sociales exhibe, como mínimo, una preocupante ausencia de pensamiento crítico y un nivel de análisis de la realidad en extremo precario.

Enseguida está mal la reacción de quienes, a partir de su posición de “defensores de los animales”, se arrogan el derecho de instalarse en el papel de autoridad juzgadora e incluso de ejecutores de la sentencia dictada en los tribunales digitales.

La imagen de los “indignados” demandando, a las puertas del fraccionamiento donde ocurrieron los hechos, “se les entregue” a la responsable de la agresión contra el animal, nos retrotrae a las prácticas de la edad media, cuando la suerte de cualquier persona acusada de herejía podía quedar en manos de una turba enardecida e irracional.

Está mal la actitud asumida por la clínica veterinaria a donde se llevó a atender al animal. Lejos del deseable profesionalismo esperado en quienes se dedican a ofrecer este tipo de servicios, resulta evidente, en las publicaciones realizadas por los propietarios y/o administradores del negocio, el intento por capitalizar el caso a su favor.

Está mal la actitud asumida por la Fiscalía General de Coahuila, cuyos agentes actuaron en este caso con una celeridad y una eficacia dignas de mejores causas, porque claramente todo lo hecho se hizo con la única intención de obtener el aplauso de la gradería y no de hacer cumplir la Ley.

La solicitud de prisión preventiva “necesaria” en contra de Liliana “N” constituye, desde el punto de vista procesal, un exceso monumental. No conozco el expediente, desde luego, porque no participo del caso, pero no encuentro, en ningún dato de lo publicado hasta ahora, un solo elemento para considerar como única posibilidad, el mantener en prisión a la imputada mientras se desarrolla el juicio.

Está mal, en consecuencia, la actuación de la jueza responsable de la audiencia de imputación, porque preserva uno de los peores vicios de nuestra cultura jurídica: dictar resoluciones por consigna y no en atención al principio de presunción de inocencia, así como al de emplear, a favor de cualquier persona imputada, el criterio más favorecedor a sus derechos.

Está terriblemente mal el oportunismo de “influencers” como el señor Arturo Islas Allende quien, está muy claro, viajó a Saltillo con la única intención de capitalizar, para sus intereses estrictamente personales, la indignación generalizada provocada por el caso.

Todos estos elementos, sin embargo, son solamente los síntomas del problema, no sus causas. Haríamos bien en aprovechar la catarsis colectiva generada por este caso para realizar un análisis introspectivo con ánimo de corregir.

Porque lo ocurrido en torno a este episodio de nuestra vida colectiva no nos ha retratado como una sociedad compasiva, amante de la paz y enemiga de la violencia, sino exactamente como lo contrario: nos ha retratado como una comunidad integrada -no en su totalidad, pero sí por un número preocupante- por individuos para quienes cualquier oportunidad es útil para expulsar el odio acumulado en su interior.

Seguiremos en el tema, desde luego.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

carredondo@vanguardia.com.mx

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