Luis Alberto Vázquez Álvarez
Populismo es una expresión filosófica-política que genera divisiones antagónicas en la sociedad; actúa como ideología bisagra que permite la adherencia de causas de todo tipo tras utilizar la connotación “Pueblo”. Posee dos acepciones principales: la de izquierda que manifiesta un estado activo en aspectos como economía, redistribución de la riqueza, fortalecimiento de los servicios públicos, estatizaciones o regulación estricta del mercado y soberanía económica frente al libre comercio. La de derecha con variantes nacionalistas como proteccionismo comercial para la industria local y exclusividad de empleos a trabajadores oriundos extendiéndose radicalmente a lo llamado “Libertario” que rechaza el gasto público comunitario, los impuestos y la intervención estatal, acusando al Estado de «robar» al creador de riquezas para mantener a sectores subvencionados.
Para el populismo de izquierda el enemigo es el gran capital, los banqueros, las corporaciones transnacionales, la oligarquía financiera y las élites políticas tradicionales que sirven a esos intereses y quienes concibe al «pueblo» como una amplia mayoría de desposeídos carentes de dignidad. Para el populismo de derecha su enemigo es toda acción progresista, aquellos que apoyan el cambio, los organismos internacionales (como la ONU o la UE), la academia científica atea y define a la mayoría poblacional como grupos «inferiores» con bajo perfil cultural y pide sea excluido de las decisiones nacionales: proponiendo incluso prohibirle el derecho al sufragio universal y reduciendo derechos a inmigrantes, minorías étnicas o religiosas y hasta a pueblos originarios. Pero finalmente ambos llaman a los electores a preferirlos.
Nuestra patria ha vivido bajo el populismo desde su nacimiento; sus principales héroes han gritado: Hidalgo: “Vamos a coger gachupines”; Porfirio Díaz: “No reelección” (1876); Madero “Sufragio efectivo no reelección”; Zapata: “Tierra y libertad”; López Portillo: “Debemos acostumbrarnos a administrar la abundancia.» (Refiriéndose al descubrimiento de pozos petroleros en el Golfo de México; a él le copió el pedófilo naranja, dictador americano, que dice lo mismo para los gringos, pero de los aranceles). También lloró públicamente cuando anuncio: “Ya nos saquearon. México no se ha acabado. ¡No nos volverán a saquear!” =septiembre 1 de 1982=; Vicente Fox: «Hay que sacar a las víboras tepocochas, a las alimañas, a las arañas peludas y a los tepocochos corruptos de Los Pinos.» Y López Obrador “Primero los pobres”.
Pero no es en México donde nace el populismo electoral, un antecedente histórico nos remonta a la Roma republicana en 44 a.C. cuando Julio César fue asesinado al entrar al Senado para ser nombrado emperador. Su sobrino, Marco Antonio que se sentía heredero del poder juliano, en palabras de Shakespeare, en su discurso fúnebre ante el cadáver del cónsul sacrificado expresó:
«Amigos, romanos, compatriotas, prestadme vuestros oídos: Vengo a enterrar a César, no a alabarlo. El mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien frecuentemente queda sepultado con sus huesos. Aquí Bruto dice que César era ambicioso; … aunque trajo muchos cautivos a Roma, cuyos rescates llenaron el tesoro público. Cuando los pobres lloraban, César lloraba: Todos visteis que en las Lupercalias le ofrecí tres veces una corona real, y tres veces la rechazó. ¿Fue esto ambición? No hablo para desmentir… sino que estoy aquí para decir lo que sé. César deja sus jardines privados al pueblo de Roma y una suma considerable de dinero (75 dracmas/sestercios) a cada ciudadano. Todos le amasteis una vez, y no sin causa; ¡Oh juicio, has huido y los hombres han perdido la razón! Perdonadme: mi corazón está ahí, en ese ataúd, con César…
Esta elocuencia populista desató un motín popular que obligó a Bruto y al resto de los conspiradores a huir de Roma y desató una guerra civil.
¿Y el populismo mexicano? Díaz se reeligió siete veces; hoy un émulo de él recorre todo el país suplicando voten por las víboras tepocochas que juró acabar y reza para regresarlos a los Pinos; mientras los narcohuachicoleros PRIANistas sueñan con otro “aiga sido, como aiga sido” idéntico a la usurpación presidencial de 2006; mientras, los menos protegidos suspiran por la redención social.
El populismo, como el sol, brilla para todos en todos lados: “Me considero un populista. Me importa la gente trabajadora” contestó Barack Obama a Peña Nieto en Ottawa, Canadá (06/29/1916).







