Jesús Vázquez Trujillo
Le llamaban el ‘Coronelazo’

José de Jesús David Alfaro Siqueiros, fue un conocido pintor y muralista perteneciente a la generación de los llamados “Caudillos Culturales” emanados de la lucha revolucionaria.
Contemporáneo del también muralista Diego Rivera, con quien compartía además del muralismo, una clara ideología política de izquierda.
En 1936, Alfaro Siqueiros se embarcó hacia Madrid para enrolarse como soldado voluntario en las tropas del ejército republicano español, durante los años de la cruenta guerra civil 1936 – 1939.
Fue en las tropas republicanas que el pintor mexicano obtuvo el rango de coronel de brigada, grado que sus detractores en México, utilizaron para ponerle el mote de el “Coronelazo”.
Terminada la guerra civil española con la derrota del ejército republicano y el ascenso del general Francisco Franco en 1939, Siqueiros regresó a México en enero de 1940, donde se afilió al Partido Comunista Mexicano PCM. De tendencia socialista e izquierdista, partidario del dictador soviético José Stalin.
El PCM, al igual que algunos sectores radicales de izquierda, no veían con agrado que el gobierno mexicano le hubiera concedido asilo al líder menchevique León Trotski, enemigo de Stalin.
Es por ello, que David Alfaro Siqueiros perpetró un fallido atentado contra León Trotski, la noche del 24 de mayo de 1940.
Siqueiros sobornó al jefe de guardaespaldas de Trotski, el estadounidense Robert Sheldon – Harte, para que esa noche, él y sus escoltas se fueran de juerga con unas meretrices que el muralista ya había pagado con antelación.
El “Coronelazo” y sus matones dispararon hacía la ventana que daba a la recamara de Trotski y su esposa Natalia Sedova, quien le indicó que se escondieran debajo de la cama.
Lo que los hizo salir ilesos del ataque, únicamente lograron herir en una pierna al nieto de ambos, al pequeño Esteban Volko.
Después del fallido atentado contra Trotski, Siqueiros se mantuvo oculto por un tiempo, hasta que, en 1941, gracias a los buenos oficios diplomáticos del poeta chileno Pablo Neruda, quien era cónsul de su país en México, el presidente Manuel Ávila Camacho, permitió a Siqueiros exiliarse en la ciudad de Santiago de Chile.
El general Ávila Camacho prohibió hablar del homicidio de León Trotski, así como de todos los implicados en su asesinato.
David Alfaro Siqueiros permaneció en Chile hasta 1956, año en que partió a la ciudad de El Cairo, capital egipcia para estar presente en la inauguración del Canal de Suez.
Siqueiros, regresó a México en 1959, continuando con sus actividades subversivas y sediciosas en contra del presidente Adolfo López Mateos.
Organizó una revuelta antigubernamental con estudiantes militantes de la izquierda, además de injuriar al licenciado López Mateos, durante una gira que el pintor hizo a Sudamérica.
En esa gira, Alfaro Siqueiros llamó al presidente “entreguista” e impostor, lo que le costó al muralista ser aprehendido en el aeropuerto de la ciudad de México a su regreso al país en 1960.
Siqueiros es enjuiciado por el delito de Disolución Social y encarcelado en la penitenciaría de Lecumberri, donde pasó encerrado lo que le restaba al sexenio lopezmateista 1960 – 1964.
En 1963, la señora Angélica Arenal, esposa del muralista, junto con las esposas de otros presos políticos le envió una carta al presidente Adolfo López Mateos, solicitándole la liberación de su marido.
Marzo 15 de 1963
Señor Lic. Adolfo López Mateos,
Presidente de la República.
Palacio Nacional
Presente.
Señor de todo nuestro respeto:
Se dirige usted a Europa con la finalidad —según lo ha declarado— de luchar por la paz, esto es, de luchar por la tolerancia recíproca entre dos grandes naciones, las más poderosas en el mundo contemporáneo. Nos referimos obviamente a los EU de América del Norte, bajo régimen capitalista, y a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, bajo régimen comunista. En esa virtud, el más grande mérito para un alto funcionario de nuestras débiles Repúblicas de la América Latina, va usted a luchar por la coexistencia pacífica entre dos pueblos de estados políticos no sólo diferentes, sino históricamente contrapuestos.
Tan humanitaria tarea, destinada a salvar al mundo de la más grande catástrofe que pueda concebir la mente humana, una tercera guerra mundial, guerra atómica, dejando en su propio país, en el ámbito y escala de su propia patria, un hecho de igual intolerancia política, por depender de usted mismo su solución bajo un régimen de Constitución democrática, carecería totalmente de sentido.
Dejar en su propia patria, como fruto de la señalada intolerancia política interna, a veintinueve presos políticos, ferrocarrileros huelguistas en su mayor parte, y a miembros prominentes de los partidos políticos de base marxista-leninista, y cuando se va a países de estructura democrática, donde los comunistas ocupan puestos en los parlamentos, en las municipalidades, en las universidades, en los organismos sindicales obreros, etcétera, le restaría a su persona la autoridad moral indispensable estorbando gravemente su justa gestión.
No creemos que se pueda luchar con toda la autoridad moral necesaria por la paz internacional, si en México —país de leyes democráticas— si mantiene en pie un delito de represión política tan notoriamente intolerante como el que se llama delito de disolución social.
MADRES, ESPOSAS, HERMANAS E HIJAS DE LOS PRESOS POLÍTICOS:
Angélica Arenal de Siqueiros, Ma. de Jesús Alfaro de Rojo, Amelia Villalba, Refugio Barrón de Lumbreras, Ana María Donis de Pérez, Consuelo Mata de Becerra, Carmen Mata de Stein, Rosa Mata Alatorre, Olga del Río de Mata, Clotilde Rojo de Gaaty, Pilar Ponce de León. Ma. Rosario Pérez de González, Petra Pérez Gaytán, Ulianova Lumbreras Barrón, Cruz Macías de López, Martha Hernández Anaya, Domitila Alemán Molina, Aurora Vallejo Garamendi, Paula Medrano de Encina, Aurora Ayala de Correa, Jovita Correa de Núñez, Refugio Flores Rodríguez, Agripina López de Ríos, Isabel Placencia de López, Ma. Abigail Delgado de Alemán, Sara Alemán Molina, Ma. Fernanda Campa, Josefina Nieto de Araujo, Noemí Correa Ayala, Iguaria Rodríguez Vda. de Alfaro, Juana Vargas de López, Adriana Siqueiros de Rodríguez, Ana Carballo, Celia Rojo Alfaro, Rosa P. de Ponce de León, Esperanza Mata de Calvillo, Ma. Luisa Mata de Aguado, Enriqueta Mata de Casas, Petra Gaytán de Pérez, Paula N. Vda. de Lumbreras, Beatriz Rojo de Garay, Socorro Ponce de León, Juana Pérez Gaytán, Griselda Robles de Rojo, Lilia Carballo de Fuentes, Margarita Hernández de S. Pacheco, Nicolasa Molina de Alemán. María Gamma de Caballero, Valentina Campa de la Peña, Agustina Peña de Sánchez, Esther Correa Ayala de V., Alicia Vázquez de Alfaro, Margarita Bolaños de López, Soledad Anaya de Hernández, María del Carmen Hernández de I., Onésima Alemán Molina, Laura G. de Vallejo, Guadalupe Araujo Andrade, Guillermina Correa Ayala, Ma. Elena Carballo de Ocampo. Irma Alfaro Vázquez, Rosa Vargas Talamantes.
Finalmente, al año siguiente en 1964, por consejo del subsecretario de gobernación Luis Echeverría Álvarez, el presidente López Mateos decide dejar en libertad a David Alfaro Siqueiros.
Él y el presidente Adolfo López Mateos, conceden el indulto al muralista, dado que la constitución otorgaba amnistía a todos aquellos presos políticos que en el pasado hubieran hecho algo en beneficio de la patria.
Y es que, a pesar de todo, tanto Echeverría como López Mateos, eran admiradores de la vasta obra pictográfica de Siqueiros.








