Federico Berrueto
Los tiempos actuales registran el agotamiento del populismo como forma de gobierno. El hecho de que esto ocurra mediante el sufragio plantea un mejor porvenir. Lo que ha ocurrido en Hungría este domingo y Venezuela en 2025 es aleccionador. No importan las condiciones adversas, las reglas a modo, la parcialidad del gobierno ni la condición facciosa del régimen: el voto ciudadano se sobrepone. Ante el descontento por el mal gobierno y la corrupción desbordada, esa vía —la electoral— es suficiente para ganarle la partida al autócrata y eventualmente echarlo del poder. Lección para tener presente en México.
Ahora el mundo democrático, particularmente Europa, se regocija con la derrota de Viktor Orbán en Hungría, el líder europeo más afín a la causa de Putin en Rusia y destructor del edificio democrático que le llevó al poder y portento de corrupción. Como en México, llegó por la vía democrática y destruyó lo mucho bueno que existía; corrompió en nombre de la lucha contra la corrupción. Trump pretendió volverse factor en dicha elección y envió al vicepresidente Vance a hacer campaña; el voto popular le dio un revés. La oposición democrática liberal de Péter Magyar obtuvo más de 135 escaños frente a 55 del partido en el poder. Igual en Venezuela, la oposición alcanzó un triunfo abrumador; sin embargo, el chavismo sigue en el poder ahora con el mando de Trump.
Hungría no es América Latina. Allá, Estados Unidos no es un factor relevante; el comercio de ese país representa apenas 3% de sus exportaciones. Acá, la hegemonía económica norteamericana explica que la intervención de Trump intimide, seduzca o someta, incluso en países gobernados por proyectos políticos contrarios al mismo, caso de Petro en Colombia y de López Obrador/Sheinbaum en México.
¿Qué le espera a Trump y a su Partido Republicano en noviembre? Su derrota se anticipa y el rechazo ciudadano crece conforme se repiten pifias, la corrupción y excesos criminales, ejemplo la guerra en Irán. Si la elección se celebrara en estos momentos, con certeza perdería la Cámara de Representantes y posiblemente el Senado. En tales condiciones, su presidencia pasaría al acoso del juicio político y la destitución implicaría no solo echarle del poder, sino llevarle a la justicia por la evidente corrupción y los explícitos crímenes de guerra en su segunda presidencia y no solo en Irán.
¿Qué le espera al régimen obradorista? La debacle será semejante a la del PRI: lenta, progresiva y persistente. Iniciará en la elección intermedia de 2027; se juegan no solo cargos, sino también el prestigio del proyecto y el liderazgo de la presidenta Sheinbaum. Desde ahora se advierte accidentada la selección de candidatos y el saldo de la reforma política abortada, que deja fracturada a la coalición gobernante. El PT y el PVEM han puesto de manifiesto su desconfianza hacia el régimen y la presidenta Sheinbaum.
Deseable es que la caída del obradorismo transite mediante la civilidad propia de las elecciones y no con la rebelión o el caos, que parece lejano, pero no se excluye por la gravedad de los problemas, el peso de las amenazas y por la torpeza manifiesta del régimen. Si hubiera un poco de sensibilidad, la Corte habría ratificado la inconstitucionalidad del bloqueo de cuentas sin autorización judicial por la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP. También resulta evidente la impericia del régimen en su reacción al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU: el gobierno se asume víctima, no los desaparecidos ni sus familias; se llena la boca con las acciones emprendidas, cuando los desaparecidos han crecido durante el obradorismo y todavía más, en los últimos meses. Las unidades de técnica forense de las fiscalías de los estados, con la excepción de la de Coahuila, están en el abandono. Más de 70 mil restos humanos permanecen sin identificar.
El narcoestado estará en el centro del debate durante los comicios intermedios. Para algunos, el señalamiento es falso; para otros, un exceso, y algunos más lo consideran funcional al intervencionismo norteamericano. La realidad es que durante el gobierno de López Obrador el crimen organizado creció de manera preocupante. La Secretaría de Marina fue señalada por la FGR como responsable del mega contrabando de combustibles, que tuvo como origen el financiamiento de campañas de Morena. Varios gobiernos estatales se definieron por la intervención del narco en las elecciones. Todo eso estará en la discusión pública.
Deseable que la debacle del obradorismo sea resultado del voto popular.







