Jessica Rosales
¿Quién es quién en la incongruencia? Liz Vilchis, atrapada por su propio archivo
Durante años, Ana Elizabeth García Vilchis se presentó cada miércoles en Palacio Nacional investida de una autoridad que nadie le había conferido en las urnas, pero que el poder presidencial le otorgó desde el púlpito de la mañanera: decidir quién mentía, quién desinformaba y qué periodista o medio merecía ser exhibido públicamente.
Era “Quién es quién en las mentiras de la semana”, la sección creada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que supuestamente combatiría las noticias falsas, pero que terminó convertida también en una tribuna para descalificar a adversarios, periodistas, comunicadores y medios críticos bajo un criterio subjetivo y a conveniencia. Lo que hoy con Claudia Sheinbaum opera como “Derecho de Réplica” con Luisa Maria Alcalde.
Hoy, los viejos tuits de Vilchis regresan para colocarla frente a un espejo bastante incómodo. Porque antes de señalar clasismo, discriminación, mentiras y excesos ajenos, quizá habría sido pertinente revisar el propio archivo.
Las publicaciones atribuidas a su cuenta y que ella misma, en términos generales, ha reconocido al disculparse por antiguos mensajes, son difíciles de conciliar con la superioridad moral desde la que posteriormente juzgó a otros.
Las capturas que hoy circulan muestran expresiones como “gorda asquerosa”, “fea y gorda”, “pinche vieja gorda, creída y culera”, “pinche prieta naca”, “pinche gorda negra” y “prostituta con un bebé”. En otro mensaje se lee: “Que estúpido eres, neta. Mátate”. Y hay uno todavía más brutal: “¡Muerte a niños de la calle en Brasil! Hay que recibir el mundial sin la mala imagen”.
No estamos ante una palabra desafortunada pronunciada en un momento de enojo. Estamos ante un conjunto de publicaciones realizadas durante varios años y que exhiben expresiones gordofóbicas, clasistas, racistas, misóginas y profundamente agresivas.
Y ahí aparece la pregunta inevitable: ¿Con qué calidad moral Liz Vilchis se convirtió después en juzgadora pública de periodistas y medios de comunicación?
Durante años formó parte de un aparato de comunicación gubernamental que colocó bajo escrutinio público a periodistas y medios, algunos de ellos señalados desde la máxima tribuna política del país como mentirosos, conservadores, hipócritas o participantes de campañas de desinformación.
A los periodistas exhibidos en Palacio Nacional no siempre se les concedía contexto. Sus nombres, fotografías, publicaciones y medios aparecían frente a millones de personas mientras desde el poder se construía una narrativa sobre ellos para conseguir el linchamiento público y masivo.
Cuando desde la Presidencia de la República se señala reiteradamente a un periodista, la diferencia de poder es monumental. Un reportero tiene una computadora, un micrófono o una cámara; el gobierno posee instituciones, estructuras políticas y una audiencia nacional, desde donde puede construir una narrativa a conveniencia financiada con presupuesto público.
Por eso la crítica desde el poder requiere una responsabilidad infinitamente mayor. Vilchis conocía perfectamente esa desigualdad y, aun así, participó durante años en ese ejercicio.
La mujer encargada de exhibir públicamente expresiones que consideraba clasistas tenía en su archivo frases como “pinche prieta naca”. La funcionaria que hablaba sobre violencia discursiva escribió “pinche gorda negra” y a una compañera de su propio movimiento “vieja más corriente e ignorante”.
No significa que todos los integrantes de Morena piensen igual ni sería válido responsabilizar a millones de militantes por las expresiones de unas cuantas personas.
Pero sí permite formular una pregunta política legítima: ¿Dónde quedó aquella superioridad moral que Morena proclamó durante tantos años? Porque la moral pública no puede funcionar como garrote para golpear adversarios y dejar de aplicarse cuando los excesos vienen del interior de su propio movimiento.
No basta decir que los otros son corruptos, clasistas, racistas, mentirosos o inmorales. Hay que demostrar todos los días que quienes señalan poseen la congruencia necesaria para hacerlo. Y los tuits de Vilchis golpean precisamente ahí.
Porque la congruencia no se demuestra señalando los errores de los demás, sino aplicándose a uno mismo la misma vara con la que durante años se juzgó a otros.







