viernes 10, julio, 2026

Desde mi escritorio

Héctor Reyes

El desafío que se aproxima: ¿puede perder México su ventaja automotriz?

Durante más de tres décadas, México construyó una de las industrias automotrices más sólidas del mundo. La cercanía con Estados Unidos, la red de tratados comerciales, la mano de obra especializada y una cadena de suministro altamente integrada con Norteamérica permitieron que entidades como Guanajuato, Nuevo León, Coahuila, Puebla y el Estado de México se convirtieran en auténticos polos de desarrollo industrial. Sin embargo, los anuncios recientes de diversas armadoras comienzan a encender señales de alerta que no deben ignorarse.

La decisión de Toyota de trasladar la producción de la camioneta Tacoma de Tijuana a San Antonio, Texas, no puede verse como un hecho aislado. Se suma a movimientos previos de General Motors, que ha fortalecido su capacidad productiva en Estados Unidos para modelos actualmente ensamblados en México, así como a las estrategias de Hyundai para incrementar su abastecimiento dentro del territorio estadounidense. Nissan, por su parte, también ha realizado ajustes importantes al suspender exportaciones y detener la producción de algunos modelos destinados principalmente al mercado norteamericano.

Lo que está ocurriendo no responde únicamente a decisiones corporativas. Detrás de estos movimientos existe un factor político y económico de gran peso: la incertidumbre generada por la política comercial estadounidense y la permanencia de aranceles impulsados por el presidente Donald Trump. Aunque el T-MEC sigue vigente, la imposición de gravámenes y las dudas sobre el futuro de la integración regional están obligando a las empresas a replantear sus estrategias de producción.

La industria automotriz toma decisiones con visión de largo plazo. Las inversiones se planean para décadas, no para meses. Cuando una empresa percibe riesgos en el entorno regulatorio o comercial, comienza a diversificar operaciones, acercar cadenas de suministro o trasladar procesos hacia donde considere que tendrá mayor certidumbre. Es precisamente esa palabra, certidumbre, la que hoy parece estar faltando.

Para México, el riesgo va mucho más allá de la pérdida de algunas líneas de producción. La industria automotriz representa millones de empleos directos e indirectos, exportaciones por miles de millones de dólares y el desarrollo de regiones enteras.

Sin embargo, nuestro país conserva ventajas competitivas difíciles de replicar. La experiencia de su fuerza laboral, la infraestructura instalada, la ubicación geográfica y la integración de cadenas productivas siguen siendo activos de enorme valor. Mover una planta no es tan sencillo como cambiar una oficina; implica inversiones multimillonarias y años de adaptación.

La historia económica reciente demuestra que las grandes transformaciones comienzan con pequeños movimientos. Hoy son algunos modelos y algunas líneas de producción. Mañana podrían ser inversiones completas si México no responde con rapidez y claridad.

La pregunta ya no es si existe riesgo para la industria automotriz nacional. La verdadera pregunta es si México, por medio del Gobierno Federal, está preparado para competir en una nueva etapa donde la geopolítica, los aranceles y la seguridad económica pesan tanto como la productividad.

El futuro de miles de empleos y de una de las industrias más importantes del país dependerá de la respuesta que se dé a esa pregunta.

Buen fin de semana, la frase: Jamás te olvides de sonreír. ¡Ánimo!

X:_hreyes

Compartir en: