sábado 19, septiembre, 2026

Con Salud (aparente)

Don Lucho N.

Una semana antes de la noticia, Raúl, iniciaba así un diálogo cotidiano:

¿Qué rollo? ¿Cómo estás?

Pues bien, con SALUD…

Raúl no estaba enterado. Suponía, como suponemos casi todos, que estar sano significa sentirse bien.

Y no siempre es así.

A veces algo crece y se expande desde adentro mientras uno sigue contestando mensajes, pagando recibos y diciendo “con salud”.

Hasta aquí, los opinadores de turno pensarán que hablamos de “lo más natural”: lo inevitable, nuestro profético destino final. Creemos estar bien porque seguimos funcionando.

La rutina se encarga de hacernos olvidar una posibilidad incómoda que preferimos no mirar de frente. No despertamos pensando ¿Será hoy el día cero?, porque vivir aterrado a cada instante sería una locura intratable. Así que caemos en lo que algunos llaman «sesgo de normalidad».

Apoyados por la modernidad, estamos sobre estimulados, y hay una desensibilización ante la tragedia. Anestesiados con el inagotable y eterno scroll de las redes sociales, vemos repetidas noticias funestas, violencia social o riesgos de la naturaleza. De tanto y cuanto que la conciencia se adormece y lo indeseable empieza a parecer normal. Sin espanto.

Lo imagino a Usted leyendo hasta este párrafo (y le hablo de Usted) porque ya pasó de los 40. O porque todavía conserva la sospechosa costumbre de terminar un texto antes de deslizar el dedo hacia el siguiente tema.

Año 2026: en el Metaverso tenemos varias vidas, perfiles, avatares o créditos para descartar y volver al menú.  En pantalla todo parece recuperable.

Una cuenta se bloquea, recuperamos la contraseña. Un archivo desaparece, buscamos la copia de seguridad. Un personaje cae, comenzamos otra partida.

Ilusos, no existe el botón de reinicio.

Sobrevivimos en la rutina, mientras avanzamos a no sé dónde, en un mundo casi circular.

“Con salud” … ¿Estamos seguros?

Puedo pecar de retórica y poesía para evitar llamar a las cosas por su nombre. Quizá porque decirlo así, sin adornos, resulta demasiado vulgar: nos va a pasar a todos. De golpe o de a poquito. Y no es superstición.

Toleramos la existencia de muchos hechos mientras permanecen lejos: La enfermedad, la pérdida, la vejez, la ausencia. Desde lejos son solo conceptos. Pero cuando la vista se aproxima a la caída… la barranca, deja de ser un paisaje. 

Raúl fue un buen amigo; y hoy ya no está aquí. Recuerdo que en sus últimos días parecía estar más agradecido por las cosas simples. Así como el árbol agradece por la lluvia; reconociendo que el tiempo es finito, hablando entre otros temas de la imposibilidad de un universo sin Dios. La sabiduría llega como siempre: tarde y en abonos.
Raúl es un amigo extrañable; por su voz, por los espacios compartidos, por su trato. Pensaba que al final todos íbamos a estar bien.

No supimos cuándo hicimos un último brindis juntos, una última visita. Era de mi camada, lo que hace más impactante la partida.

Procrastine mucho tiempo este texto. Todo para después, hasta que no hay después.

Hago un brindis por la vida, hoy.

Hoy que al menos hay salud, aparentemente.

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