viernes 15, mayo, 2026

Algo que vale la pena leer

ALBERTO BOARDMAN

Los Hermanos Karamazov

“Quiero vivir para la inmortalidad, no estoy dispuesto a aceptar un compromiso a medias.” Dostoyevski

Y tal pareciera que lo dicho por uno de los protagonistas de su más elogiada novela, “Los Hermanos Karamazov”, hubiese confabulado una profecía con dedicatoria para su autor, ya que Fiódor Dostoyevski lograría pasar a la historia de la literatura junto a los nombres de Cervantes, Shakespeare o Víctor Hugo, alcanzando la dimensión de clásico universal, trascendiendo a su tiempo, cultura y lengua original.

Sigmund Freud calificó la última obra de Dostoievski como la “magnífica novela jamás escrita”; Kafka y Nietzsche, no tuvieron más que halagos para las más de mil páginas que el autor tardó dos años en completar apenas unos meses antes de morir.

Incluso el genio de Albert Einstein sentenció: “Aprendí más de Dostoyevski que de cualquier otro pensador científico.” Y bajo esta última aseveración existe una historia según la cual, Einstein reflexionó sobre las tesis y el pensamiento del personaje racionalista y ateo Iván Karamazov, que en un debate muy peculiar hace referencia a la teoría de Euclides (matemático y geómetra griego conocido como el padre de la geometría), en la que dos líneas paralelas nunca podrían llegar a encontrarse en la tierra, pero dejaba abierta la posibilidad de que pudieran hacerlo en el infinito del universo. Así, Einstein lograría comprobar a través de la Teoría de la Relatividad General, como la gravedad es consecuencia de la geometría curva del espacio tiempo y, por ende, en el universo dos líneas paralelas sí pueden llegar a unirse en un punto posible.

Pero más allá del aporte científico, que seguramente sólo algunas mentes como la de Einstein visualizaron en la obra, “Los Hermanos Karamazov” representa un diálogo incesante entre la búsqueda de la razón y la filosofía, versus la fe y espiritualidad, enfatizando como mejor herramienta de la evolución humana ese libre albedrío sobre lo bueno y lo malo, como brújula imprescindible de nuestro diario actuar. Porque como bien sentenciara Dostoyevski: “En el duelo entre Dios y el diablo, el corazón humano es el campo de batalla.”

En tiempos de monopolio digital y tecnológico, leer un libro, es hacer revolución. Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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