¡Que viva el futbol!
Julián Parra Ibarra
¿Si le doy un par de nombres, sin consultar google o la IA, podría decirme a ‘bote pronto’ quiénes son esos personajes? Van: Josimar José Évora Días y Sidny Lopes Cabral. Si lo supo, muchas felicidades, y si no le platico.
Al primero de ellos el mundo lo conoció ampliamente durante la realización de la pasada Copa del Mundo, en la que se convirtió quizá en el futbolista más mediático, incluso me parece que por encima del mismo Messi. Sus grandes actuaciones sobre todo frente a España y Argentina, hicieron que el mundo aclamara al gran Vozinha, quien asaltó las redes sociales por las lágrimas que derramó después del primer partido, y explicó que ello se debía a que no había tenido los recursos para que su madre lo fuera a ver jugar en el Mundial.
Con muchas colaboraciones, entre ellas del gobierno de los Estados Unidos, que le facilitó una visa para ingresar a suelo norteamericano, finalmente la madre del portero caboverdiano logró llegar a Miami y ver jugar a su ‘pequeño’ a partir de su segundo partido. Lo de ‘pequeño’ es un decir, porque ya tiene 40 años.
Cuando para la mayoría de los jugadores que llegan a las cuatro décadas es signo de estar cerca del retiro, para Vozinha pareciera que es el instante en el que se le empiezan a abrir puertas: el Colo Colo chileno le ofreció un contrato por 18 meses, porque si bien no es un jugador novel en el que se invertirá a futuro, el club andino sabe que tener en sus filas al caboverdiano, es un enorme atractivo que se le significará en un imán de taquilla donde quiera que se pare.
¿Y Sidny Lopes Cabral? Bueno pues es también militante del representativo de Cabo Verde, defensa lateral izquierdo, y quien ya se ha colocado en la palestra, luego de que el gol que le anotara a Argentina, fue reconocido por la FIFA como el gol más hermoso del recién terminado Mundial de Futbol.
Este sí es mucho más joven, apenas tiene 23 años, ha sido militante de las divisiones inferiores en el futbol alemán, pero seguro es que su anotación y la forma de los caboverdianos de entregarse en la cancha, la forma como jugaron, porque ellos salieron a eso, a jugar, se divirtieron, era su primera Copa del Mundo y por supuesto no tenían las mínimas posibilidades de aspirar a un título o al menos llegar a la final, pero finalmente avanzaron a la segunda fase y jugaron tú a tú con las dos selecciones finalistas.
Creo firmemente que ese fue su gran secreto: no tenían nada que perder y todo que ganar, salieron sin presiones, sin prejuicios, ni salían a cuidar marcadores. Llegaron con la firme convicción de disfrutar su debut en una justa mundialista: salieron a jugar, jugaron, de eso se trata este deporte que no es más allá de eso, un juego, y en él no va la soberanía de ningún país ni la dignidad de una nación ni la vida de una persona, como algunos al final quisieron tomar los partidos de las fases finales de la competencia, sobre todo el de la final.
La República de Cabo Verde es un territorio insular ubicado en el Atlántico a poco menos de 600 de la costa de Senegal, y según la IA tiene apenas 525 mil habitantes, aunque se estima que hay casi 900 mil caboverdianos en la diáspora, principalmente en Portugal y en los Estados Unidos. La referencia de este pequeño país, es que destaca por su estabilidad política, su democracia sólida y su ‘vibrante fusión cultural’.
Más allá de la fama de las principales figuras mundialistas, y de quienes conformaron las selecciones que se proyectaban con posibilidades de alcanzar el título, como Francia, Inglaterra, España, Argentina, la mayoría de ellos con salarios millonarios, hubo tres, me parece que sin haber llegado precedidos de fama ni popularidad, ni estar en las millonarias nóminas de los principales clubes del mundo, se ganaron el corazón de la gente más allá de nacionalidades.
Los dos caboverdianos ya mencionados, y Gilberto Mora, nuestro Gilberto Mora mexicano, que a sus 17 fue el jugador más joven en este mundial tripartito EU-Canadá- México. Los despachos periodísticos de los medios de todo el mundo daban cuenta de que aún no tenía credencial para votar, no contaba con licencia para conducir, aún no terminaba la instrucción de preparatoria, y ya estaba jugando una Copa del Mundo, un sueño que, por poner un ejemplo, a algunos como Vozinha se les cumplió a los 40 años.
Y Mora, me parece que al igual que los caboverdianos, saltaba a la cancha a eso, a jugar, porque hasta legalmente sigue siendo un niño, jugó, se divirtió y enfrentó sin complejos, temores ni limitaciones a grandes figuras.
Por eso el futbol –su esencia- es tan hermoso, porque es un juego y nada más, aunque muchos lo hayan querido -y lo han logrado-, prostituir. Insisto, el futbol es una fiesta, es un juego en el que no va de por medio la dignidad de ningún país, la soberanía de un territorio, ni la vida de nadie. Por eso, ¡Qué viva el futbol!
X= @JulianParraIba







