La educación y el mundial
Julián Parra Ibarra
La decisión del secretario de Educación, Mario Delgado –aunque la presidenta insista que el planteamiento del titular de la SEP no fue unilateral, sino que fue respaldada por los titulares de educación de las 32 entidades federativas y la Ciudad de México-, provocó una reacción adversa en muchos sectores de la sociedad mexicanas, desde padres de familia, representantes de escuelas particulares, organismos empresariales y de la sociedad civil.
Desde hace un buen tiempo, la sociedad mexicana no se había revelado ni expresado un rechazo a una medida adoptada por el gobierno federal, pero hoy las manifestaciones fueron tan contundentes como unificadas, que la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que salir a enmendarle la plana a Delgado, arguyendo que ni él tomó la decisión unilateralmente, y que el tema del adelanto del cierre del ciclo escolar 2025-2026 no está totalmente definido, y que eso sucedería este lunes mediante un consenso con las autoridades educativas de cada una de las entidades del país.
La presidenta ha tenido que salir en defensa de su secretario, en vez de que las cosas fueran al revés, e incluso Mario Delgado se le revela a su jefa al sostener que “la escuela no es un espacio de resguardo de niños por conveniencia”.
Desde el oficialismo cuatrotero, se quedaron acostumbrados a que se hiciera lo que se hiciera o decidiera desde el púlpito presidencial, nadie lo discutía y menos se oponía a los designios del presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, pero resulta que como un fenómeno especial y digno de un estudio a profundidad, los seguidores del expresidente lo veían casi como un Dios o un semi Dios, y todo lo que él decidiera sus seguidores lo aceptaban y hasta aplaudían, fuera lo que fuera y trajera las consecuencias que trajera.
En este ‘segundo piso’, se quedaron acostumbrados a ello y pensaron que todo seguiría igual, pero se les olvida que sólo hay un Andrés Manuel López Obrador. A él se le permitía todo, pero no así a los demás, y ya está demostrado con la indignación de padres –pero sobre todo madres de familia, y en especial a las que son solteras y cabezas de familia-, por la intención de recortar 40 días el ciclo escolar, con afección a más de 24 millones de estudiantes del nivel básico, preescolar, primaria y secundaria.
La presidenta insiste que esta decisión no fue una ocurrencia “sino una petición de muchos maestros y padres de familia” ¿En serio presidenta? ¿Cuántos son muchos maestros y padres de familia y de qué manera lo pidieron?
Los argumentos utilizados por Mario Delgado además resultan pueriles: por la ola de calor y por la realización de la Copa del Mundo, evento al que el gobierno mexicano, me parece le ha dado mayor importancia que la que realmente tiene, al grado de ponerlo por encima de la educación y de los niños de este país, según se puede ver.
Hace 40 años cuando se llevó a cabo el mundial de Mundial de México 86, en México no se suspendieron las clases, ni se adelantaron calendarios, ni se alteró el ritmo de vida de los mexicanos, y eso que en aquella ocasión el evento tuvo lugar en varias ciudades sedes, porque nuestro país era el anfitrión único. Los partidos se jugaron en ciudades como Guadalajara, Monterrey –en los estadios de Tigres y el viejo estadio de Rayados del Tec de Monterrey-, Ciudad de México –en dos sedes, el Azteca y Ciudad Universitaria- en Puebla, en León, en Querétaro…en fin
En esta ocasión el Mundial se realizará en tres países distintos, Canadá, Estados Unidos, y la mayoría de los partidos se realizará en el vecino país del norte, incluyendo la gran final, y con esos pocos partidos se quiere trastocar todo, el ciclo escolar de nuestros niños y jóvenes, pero además la jefa de gobierno de la CDMX, Clara Brugada, se le ocurrió la ideota –o sea una idea grandota-, de que durante los días de realización de la Copa del Mundo, las empresas operen con el home office, como cuando la pandemia.
No quiere que la gente salga a la calle, para dejarles toda la ciudad a los visitantes ¿y eso como para qué? ¿por qué los mexicanos en general y los capitalinos en particular no pueden disfrutar su ciudad y asistir si están en condiciones de hacerlo, a los partidos que se realicen en la capital mexicana.
Pero lo de Mario Delgado es huérfano –no tiene madre, pues-, como si los niveles de educación en México estuvieran a un nivel tan elevado, que a nuestros estudiantes –sobre todos los que asisten a escuelas públicas-, se le pueden eliminar días de escuela nadamás por ‘quítame estas pulgas’.
México es uno de los países que ocupa los últimos lugares entre los países miembros de la OCDE, y cada evaluación nos arroja que millones de jóvenes llegan y terminan la secundaria sin capacidades mínimas en materias como las matemáticas, en español, en comprensión lectora.
Es evidente que, a Mario Delgado, el secretario de Educación de este país, la educación de nuestros niños, le vale todo lo que se llama madre. Disculpe, no le puedo decir de otra manera.
X= @JulianParraIba







