Rubén Olvera
Seguridad y competitividad: las cartas de Coahuila
En septiembre hay dos buenas noticias para Coahuila. Primero, el INEGI ubicó al estado como el más seguro del país. Esto sucede por primera vez desde que el organismo mide la percepción ciudadana. Días después, el IMCO reportó que la entidad regresó al top cinco de los estados más competitivos.
En mi opinión, ambas noticias pueden convertirse en argumentos para atraer inversiones. Ya habíamos hablado de que este es un tema de la mayor importancia para el desarrollo y la creación de empleos. Coahuila, como todas las economías industriales y exportadoras, necesita altos niveles de inversión para sostener su crecimiento.
Sucede, sin embargo, que la competencia por las inversiones es feroz. En las últimas décadas, algunas entidades que antes estaban fuera del radar de los inversionistas se convirtieron, en poco tiempo, en imanes para la inversión extranjera, principalmente del ramo automotriz. Ahí están los casos de Guanajuato y San Luis Potosí.
Quizás en los últimos años hayan llegado al país nuevos proyectos, muy atractivos en términos de generación de empleo y desarrollo de proveeduría, pero ahora se reparten entre más estados.
Coahuila ya no solo tiene que competir con Nuevo León y Chihuahua, entidades que han fortalecido sus capacidades para captar inversiones, sino también con otros estados que se han incorporado al grupo de competidores de peso. El pastel es más grande, pero hay más invitados.
Además, la disputa también incluye a Estados Unidos. Con la política de repatriar empresas y atraer nuevas inversiones de Asia promovida por Donald Trump, han circulado rumores sobre plantas automotrices que supuestamente podrían trasladarse de México hacia Estados Unidos, entre ellas Toyota. También se habla de nuevos proyectos, como el caso Hyundai, en el que ambos países compiten por una futura localización.
Es precisamente en este contexto competitivo donde la seguridad y la competitividad pueden convertirse en una ventaja. Son muy pocas las entidades que reúnen ambas condiciones: estar entre las más seguras del país y ser las más competitivas, solo Coahuila, Querétaro y Baja California Sur. Nuevo León y la Ciudad de México, por ejemplo, son fuertes en competitividad, pero cojean en seguridad.
La tarea del equipo de promoción económica del estado es clara: traducir las cifras del INEGI y el IMCO en información de inteligencia para los inversionistas, útil para la toma de decisiones.
No se trata de hacer propaganda, sino de construir argumentos económicos que alimenten una buena estrategia de promoción.
A los especialistas en localización industrial no les interesa tanto que un estado tenga una buena percepción de seguridad. Preguntarán si sus mercancías pueden circular por las carreteras, vías férreas o aeropuertos de la entidad sin contratiempos. Y necesitan saber si sus activos estarán protegidos y si encontrarán condiciones estables para operar. Para ellos, en eso consiste la seguridad.
Lo mismo sucede cuando se habla de competitividad. El cuarto lugar nacional que ocupa Coahuila en el índice del IMCO, es un buen comienzo, pero los empresarios pedirán detalles sobre proyectos de infraestructura, conectividad, energía, agua y capital humano que hagan rendir sus inversiones.
Por supuesto que estos avances deben reconocerse, pero en materia económica no es momento de colgarse medallas todavía. La seguridad y la competitividad son apenas dos buenos argumentos para tocar la puerta de los inversionistas. El reto es saber qué decir.







