viernes 10, julio, 2026

AVISO DE CURVA

Rubén Olvera

Sí fue un laboratorio

Los resultados electorales en Coahuila provocaron más discusión en el resto del país que entre los propios coahuilenses. Su verdadero impacto no estuvo en la política local, sino en las estrategias de los partidos nacionales.

La explicación es que en Coahuila el desenlace era previsible. Las encuestas y el ambiente político previo a la elección anticipaban un triunfo holgado del PRI en los 16 distritos. Una vez conocidos los resultados oficiales, que no hicieron más que confirmar los pronósticos, quedaba poco que comentar.

Como siempre ocurre cuando una elección se define por un amplio margen, no hubo espacio para dudas ni interpretaciones sobre quién ganó y quién perdió. Sin cambios políticos de fondo, la conversación se apagó rápidamente.

Quizá la excepción fue Nuevas Ideas, que obtuvo el seis por ciento de los votos, un resultado inesperado para un partido de nueva creación. Más allá de eso, el final estaba escrito: el PRI conservaría el control del Congreso; Morena, con o sin alianza, no ganaría un solo distrito de mayoría; y el PAN, al competir en solitario, perdería su registro como partido político local. Así ocurrió. Las encuestas acertaron.

Fuera de Coahuila, la elección adquirió una dimensión distinta. Los resultados favorables al PRI revivieron el discurso de que, bajo ciertas condiciones, incluida una posible alianza opositora, se puede competir con Morena.

En este sentido, no sería exagerado afirmar que las dirigencias nacionales comenzaron a revisar y, en ciertos casos, ajustar sus estrategias a la luz de lo ocurrido en el estado.

El PRI encontró en Coahuila una oportunidad. La victoria reforzó la idea de que, cuando existen estructuras territoriales sólidas, candidatos competitivos y gobiernos bien evaluados, el partido todavía puede ganar elecciones.

Alejandro Moreno insistió en fortalecer la organización territorial en regiones donde el partido conserva presencia competitiva. Sin embargo, los analistas se preguntan: ¿tendrá el PRI candidatos competitivos en los 300 distritos y las 17 gubernaturas en juego en 2027? ¿Podrá convencer al electorado de que el modelo de gobierno de Coahuila podría replicarse en el resto del país?

Para Morena, la elección dejó tres advertencias. La primera es que, en ciertos territorios, su competitividad depende de una alianza total con el PVEM y PT. La segunda, que el desgaste propio de gobernar y los temas polémicos sí afectan en las urnas. Y tercera, que las divisiones internas son una fuerte desventaja en entidades gobernadas por la oposición.

El PAN recibió otra llamada de atención y un jalón de orejas para su dirigente Jorge Romero. La decisión de rechazar una alianza con el PRI, a pesar de que la dirigencia estatal la impulsaba, provocó la pérdida de registro como partido local y su representación en el Congreso.

Este resultado reabrió la discusión interna sobre la posibilidad de construir alianzas en aquellos estados donde el PAN dejó de ser competitivo. Que a nadie sorprenda que la estrategia panista cambie el próximo año.

Al final, lo que para los coahuilenses fue solo una elección más, para los partidos nacionales terminó convirtiéndose en un laboratorio político rumbo a 2027.

Compartir en: