Federico Berrueto
Los primeros días de la incursión militar en Venezuela y el secuestro/captura del dictador Nicolás Maduro, en un temprano balance, muestran una cadena de errores que conducen al fiasco y lleva a los venezolanos a una peligrosa incertidumbre. El caos se avecina y no hay manera de que EU pueda hacerse cargo del destino del país invadido. La sociedad chavista trumpista es una afrenta. La justificación de que todo se trata de sancionar y combatir al narcotráfico es ridícula porque Venezuela no es un actor relevante en la producción o trasiego de drogas. México, más que ningún otro país es, incluyendo a Colombia.
De siempre los militares tienden a equivocarse en su diagnóstico previo a las iniciativas de fuerza. Subestiman la complejidad de lo social; los ejemplos son reiterados, Vietnam, Irak, Ucrania y, para nosotros, lo que se le dijo al presidente Salinas después del levantamiento zapatista, evaluación que fue prontamente corregida para pasar a la negociación.
Trump erró en su desproporcionado despliegue militar en el Caribe; se volvió rehén de sí mismo. No podía regresar a las tropas sin trofeo. El ataque a las pequeñas embarcaciones no daba mucho, además contraproducente una vez que trascendió que se había incurrido en crímenes de guerra. Aprehender al dictador era indispensable, pero sin diseño subsecuente porque el objetivo no era que Venezuela recuperara su vida democrática ni resarcir la alteración del resultado de la elección del año pasado que favoreció a Edmundo González y al movimiento liderado por Corina Machado. Todo se trataba del petróleo y Trump resolvió que el régimen chavista arrinconado y bajo amenaza le resultaba funcional; se decantó a favor de la vicepresidenta Delcy Rodríguez y rechazó apuntalar a la oposición que había ganado la elección. Mejor una autoridad frágil y cuestionada que otra con legitimidad y la fortaleza que ofrece el voto.
Venezuela antes era problema de Maduro y asociados. Ahora es de EU. El nuevo gobierno chavista también es rehén de su retórica y al menos en las palabras no habrá acomodamiento, sí en las acciones, pero no a satisfacción de Trump, quien sin rubor alguno reclama como derecho propio el petróleo venezolano. Para gestionar el control del patrimonio petrolero es indispensable la certidumbre, que no se resuelve con fusiles, sino con inversionistas que tendrían que reconstruir buena parte de la industria petrolera. Difícil que haya quien se involucre, más allá de Chevron ya establecido, si no hay condiciones de confianza y certeza de mediano y largo plazo. Trump no puede ofrecer lo que no está en sus manos, mucho menos con una elección intermedia que en noviembre podría quitarle la mayoría en la Cámara de Representantes y, posiblemente, en el Senado.
El chavismo no es confiable; menos para Trump que sobreestima los resultados de una intimidación militar. Desechó de inicio la ruta para la normalidad: que se haga valer el mandato democrático a favor de la oposición venezolana. No debe ignorarse que al hombre de las vanidades le lastimó que el premio Nobel de la paz se otorgara a Corina Machado, la figura más relevante de la oposición venezolana, a pesar del generoso gesto de ésta de brindarle el galardón. Trump se cobra el agravio de grosera forma, deja a Corina Machado como una opción digna.
México debe actuar con cautela. El problema es la corrupción y la vinculación de muchas autoridades con el crimen organizado. No sólo el narcotráfico o el vinculado con el tráfico de migrantes, también la extorsión, un cáncer que se ha hecho del poder en muchas regiones del país y que le reditúa enormes ganancias. Tampoco puede desdeñarse el contrabando de combustibles, que asocia a autoridades federales con criminales y deja como saldo desahogar una muy comprometedora investigación judicial. La herencia maldita de los abrazos no balazos expone al país en su soberanía. Trump es posible que intente salvar cara a costa de México, obligaría a la presidenta Sheinbaum a acelerar la lucha contra el crimen organizado en los términos que él demanda.
Por lo pronto, la cautela obliga al gobierno a suspender los envíos de combustible a Cuba. Es una afrenta no sólo a la sensibilidad de los norteamericanos, sino a las cuentas nacionales. Si Morena quiere mostrar su solidaridad con el régimen castrista, que sea con sus recursos, que no les faltan, no con el patrimonio de todos los mexicanos. Trump se equivocó en Venezuela, incluso para obtener su riqueza petrolera. Advertencia para México y el mundo.








