Luis Alberto Vázquez Álvarez
Artificiosos líderes seudopopulares y desleales a la patria que les vio nacer, a lo largo de la historia han buscado el apoyo de otras naciones para que invadan su propia cuna a fin de que ellos recuperen privilegios y poderes que una justa acción popular les arrebató para entregárselos a la población general.
1829.- México enfrentaba crisis políticas, había fracasado el imperio de Iturbide y promulgado la constitución liberal y federal de 1824; la continua injerencia de borbonistas había provocado que se expulsaran a ibéricos y criollos infidentes a la independencia nacional. Soñaban estos con regresar al Virreinato y recuperar sus prebendas e insistieron ante el rey Fernando VII en que reinstalara su dominio a la antigua Nueva España.
Se organizó desde Madrid, encabezada por el brigadier Isidro Barradas, una misión militar para dicha reconquista. Fernando VII había sido persuadido por los hispano mexicanos ricos de que la población mexicana estaba descontenta y dispuesta a sublevarse a favor de España tan pronto desembarcara un ejército realista, dado que el gobierno del presidente Vicente Guerrero era débil y vulnerable a una intervención militar.
Barradas zarpó con 4,000 hombres y desembarcó cerca de Tampico. Traía, además, cientos de fusiles para los mexicanos que se sumaran a su reconquista. Sin embargo, el apoyo popular prometido por los traidores jamás existió. Acosados por las tropas mexicanas comandadas por Antonio López de Santa Anna y Manuel Mier y Terán, Barradas capituló apenas a dos meses de su sueño imperial. Así fracasó el último intento militar español por recuperar México.
1864.- La caída de Antonio López de Santa Anna tras un largo periodo de dictadura personal llevó al pueblo a crear una nueva constitución (1857), liberal, laica, con libertad de creencia y secularizando las acciones civiles y las propiedades que antes dominaba absolutamente el clero. Esto condujo a una guerra entre los liberales constitucionalistas y los conservadores eclesiales que, por tres años, desangró al país. Tras la derrota definitiva de quienes perdieron sus canonjías, estos decidieron acudir al extranjero y un grupo de clérigos y ricos mercaderes visitaron al rey de Francia, Napoleón III (el pequeño), al Papa e invitaron a Maximiliano de Habsburgo, príncipe austriaco, para que asumiera el trono de México aprovechando la Segunda Intervención Francesa (1862),
Maximiliano declinó la oferta inicial; él era de corte liberal e idealista, expresando que solo aceptaría el trono si se demostraba que era el deseo auténtico del pueblo mexicano mediante una votación; no únicamente el anhelo de una facción política.
Para convencerlo, los conservadores recabaron firmas y «actas de adhesión» en las ciudades bajo control militar francés. Las presentaron a Maximiliano como prueba irrefutable del apoyo popular generalizado. Engañado, aceptó oficialmente la corona mexicana y firmó los Tratados de Miramar, comprometiendo a México a pagar los exorbitantes gastos de la expedición. Maximiliano y Carlota desembarcaron en Veracruz; ahí y en la ciudad de México los conservadores reunieron grupos de personas humildes vestidas con ropa usada de los conservadores, para que los vitorearan.
Ya en el palacio nacional, Maximiliano sorprendió a sus aliados conservadores ratificando las Leyes de Reforma, provocando una ruptura paulatina con el propio grupo que lo había traído a México. El final es ampliamente conocido; derrotado por los liberales, fue fusilado en Querétaro en 1867; menos de tres años duró su imperio, que jamás conoció un día de paz.
2026. Tras la apabullante derrota en las elecciones federales (2024), los grupos narco conservadores “Prianemcistas” y organismos seudociudadanos fascistas; han salido a diversos lugares internacionales a pedir que usen su poder militar y su fortaleza mediática para atacar al gobierno mexicano que les privó de los privilegios obtenidos en los erarios federales y locales y que les daban una vida opulenta que ni los zares rusos llevaban; además comparten, suntuoso “chayote” con los “intelectuales orgánicos”, columnistas y conductores de radio y TV, repartiendo el dinero que robaban al pueblo y que hubiera sido utilizado para su bienestar. Presumen tener el apoyo de millones de ciudadanos que los adoran y desean que regresen a gobernarlos y lloran al dictador naranja una invasión castrense; el “Trump’s little dog” sueña ser “estrella mileinizada” como presidente y el botoxcutis, ruega que no lo encarcelen.







