Raúl Adalid Sainz
Un Teatro El Milagro lleno hasta los topes. Una razón había: rendir reconocimiento a un gran director teatral de México. Me refiero a Luis De Tavira.
¿Por qué es importante homenajear al maestro?
Porque a la pasión, al rigor, a la inteligencia traducida en voz escénica debe celebrársele. Mencionarse en toda su potencia.
Hay gente que se ha prodigado en dignificar a su país siendo grande en su quehacer. Luis De Tavira ha amado a México siendo un gran director, actor, maestro, y logrando conseguir abrir sitios para expandir el conocimiento teatral. Un agregado mayúsculo, que yo compruebo: un ser humano generoso. Que reconoce el esfuerzo, el talento que se amasa como el pan hecho del diario en casa.
Este 24 de febrero, en el homenaje al maestro, los asistentes rendimos nuestro amor de cariño enorme al ser hecho carne para el teatro. Los aplausos no cesaban. Eran como el pulsar de corazón de cada uno de los asistentes celebrando a Luis. Cada palma era el amor, el conocimiento adquirido, el enorme agradecimiento al que te da algo fundamental: el derecho a reflexionar por ti mismo. Eso es el maestro Luis como maestro, ese alguien que abre la puerta y muestra la luz instantánea de la revelación. En ti estará encontrar la verdad que siempre se esconde, y que te obliga a buscarla, aún en la noche más oscura.
En cada palma ofrecida ayer a Luis De Tavira, estaba el reconocimiento a la pasión. Palabra oculta en la actualidad por el poco uso de la misma. Luis De Tavira es el tesón, el estudio, la perseverancia de alcanzar la esperanza. Un ser casado por entero con el teatro. Cuando Luis De Tavira ensaya con sus actores, con su equipo de trabajo, recrea una misa. Una entrega total, donde se comulga la vida. Camina como un Pedro sobre las olas sabiendo que habrá un ser dispuesto a darle la mano y salvarlo. Luis De Tavira se entrega al mar embravecido y sabe que su fe de trabajo traerá la revelación que pretende en cada montaje.
En lo personal, agradezco a la vida haberlo conocido, y vivir tres montajes teatrales bajo su dirección. Generoso enorme al haber presentado mi libro, «Historias de Actores (un recorrido por el mundo teatral y cinematográfico)”, y además, regalarme el prólogo. Siempre lo diré, mi carrera de actor y de escritor, es un antes y después de Luis De Tavira.
Eso fue para mí el homenaje a Luis De Tavira, amén de haber vivido las vivas, inteligentes y sensibles palabras de Marina De Tavira, Phillipe Amand y David Olguín. Quienes acompañaron la ruta del maestro Luis en ese emotivo y entrañable homenaje. Mi reconocimiento al documental testimonial audiovisual sobre la trayectoria de Luis De Tavira; creación de Juan Alonso.
Hoy, ya de mañana, arrobado aún por la emoción, sólo puedo decir:
¡Que todos los arqueros de la guerra de Troya, lancen sus flechas al cielo, para que los dioses conmovidos nos regresen al maestro Luis De Tavira a los escenarios!
Mucha salud, mucha salud al querido maestro.
Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan







