lunes 20, abril, 2026

Resbalón en la mañanera

Federico Berrueto

Las mañaneras de la presidenta se han vuelto disfuncionales. Nunca han servido para informar ni para que los medios puedan preguntar con libertad el quehacer de las autoridades. Son un grotesco recurso de propaganda, con altas y bajas, pero sin cumplir con las obligaciones de toda autoridad de informar objetivamente, sin juicios de valor, con respeto al particular y la observancia de la presunción de inocencia. Casi todo pasa, menos el apego a la verdad.

La presidenta Sheinbaum, quien hace de las encuestas de aprobación el engañoso espejo de lo bien que va su gobierno, cada vez abusa más de ese espacio público. El engaño ya no sirve porque el público lo advierte; la mentira en el pasado aliviaba, ahora ofende. Cada vez se tienen que eludir respuestas no porque no se tenga la información, sino porque no se puede decir lo que ya se sabe. El exabrupto presidencial ante el Comité de la ONU en materia de desaparición forzada no guarda precedente, infamia sólo superada cuando López Obrador deslizó la posibilidad de que el ataque al periodista Ciro Gómez Leyva pudiera ser un autoatentado.

El jueves 16 de abril prueba que la narrativa gubernamental está en su punto más bajo. La presidenta prestó su espacio para que el secretario Ebrard respondiera al reportaje del periodista Claudio Ochoa, donde se revela que la embajada de México en Londres había sido utilizada para hospedar a su hijo, cuando se desempeñaba como secretario de Relaciones Exteriores. En lugar de una explicación razonada y serena acusó de mezquindad al periodista y se desgarró las vestiduras para decir que en esos tiempos él se ocupaba de salvar a los mexicanos con su gestión institucional ante la COVID.

Dijo, entre otras cosas, que fue en el peor momento de la emergencia de la pandemia, entre octubre de 2021 y marzo de 2022. No es cierto. Para ese entonces ya había vacuna y normalidad, la crisis se presentó en marzo de 2020. Suscribirse públicamente como buen padre es un recurso indigno para cualquiera, mucho más para un personaje a quien siempre se le ha dispensado sensibilidad e inteligencia. Una pena por él y más por los efectos a su visible y predecible ambición de seguir, por cuarto intento, en los primeros planos de la sucesión presidencial.

Pero el tema no es Marcelo Ebrard, sino la mañanera y cómo genera frentes de disputa y discordia; además, ha dejado de ofrecer al régimen los beneficios del pasado. Hay que destacar que el deterioro no deviene del evento como tal, sino del abuso, del descuido creciente para conducirse con razonable verdad, o al menos un poco de prudencia. Sólo cuando se aborda al presidente Trump la presidenta muestra sensatez y, como ella dice, cabeza fría. Pero cada vez es más frecuente mentir sin reserva.

En temas de controversia cada vez es más visible la incomodidad, molestia y hasta enojo. Las ofensas son frecuentes y las respuestas elusivas o desinformadas, como la del mismo jueves en la que afirmó que las energías limpias tienen el grave inconveniente de la intermitencia, observación válida hace cinco años; ahora la revolución en las baterías ha permitido mitigar ese tema, como se advierte en China, Australia y Alemania. En EU, California con capacidad operativa acumulada de 18.5 GW da puede abastecer entre 20 y 25 millones de personas durante 8 horas y Texas con 12.5 GW tiene para su propia población y exportar. Para 2030 el pronóstico es que el hidrógeno verde permitirá acumular energía en proporciones significativas. La presidenta es científica y experta en materia ambiental, sin embargo, sus palabras en la mañanera prueban que no está al día.

El problema para la presidenta es que su exposición pública diaria la deja al descubierto. Los deslices por acreditar a su partido y desdeñar a sus aliados, dañaron gravemente a la coalición con el PT y PVEM. Cada vez es más claro que a ella preocupa la suerte del régimen no del país; que su inquietud mayor se asocia a lo que sucede en su partido, caso de su aval a la violación de los tiempos de campaña al instruir a sus subordinados retirarse de su responsabilidad con más de nueve meses de anticipación al periodo que establece la ley para campañas. Los resbalones de la mañanera serán cada vez más frecuentes y, todo indica que no hay manera de suspenderla o modificarla.

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