Acoso laboral y sexual en la SEFIRC: ¿quién lo atiende?
La peor situación a la cual se enfrentan las víctimas de individuos abusivos, es la inexistencia de mecanismos para garantizarles la posibilidad de quejarse o denunciar a sus agresores, sin temor a represalias. Esa, todo indica, es la realidad en la SEFIRC
Carlos Arredondo Sibaja
Uno de los problemas endémicos de nuestra sociedad es el relativo al acoso laboral y sexual -entre otros- de los cuales son víctimas cientos de miles -acaso millones- de personas de forma cotidiana. La estadística proporcionada por el INEGI es demoledora: en México, 12 personas renuncian a su empleo, cada hora, a consecuencia del acoso laboral y la discriminación.
Y en materia de hostigamiento sexual la realidad no está mejor: el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Publica (SESNSP) reporta un incremento brutal en el número de llamadas de auxilio, recibidas en el 911, relativas a episodios de acoso u hostigamiento sexual: de 6 mil 58 reportes recibidos en 2018 pasamos a casi 13 mil anuales en 2025.
Pero eso no es todo. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), casi el 50 por ciento de las víctimas no busca ayuda; el 32 por ciento no lo hace por desconfianza en las autoridades o miedo a represalias, y casi un 16 por ciento simplemente no sabe a dónde acudir en busca de ayuda.
Referir el contexto general es obligado para analizar la denuncia publicada esta semana, en las páginas de VANGUARDIA, con la cual empleados de la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas señalaron al director jurídico de la misma, Enrique Emmanuel González Ortiz, de incurrir en actos de acoso laboral y sexual en su contra.
Los señalamientos son crudos y muy graves: el funcionario en mención, se asegura, es afecto al consumo de drogas, así como a la experimentación de sesiones de psicodelia, específicamente rituales en los cuales se utiliza la ayahuasca. Hasta ahí, el asunto podría pasar por un tema de gustos personales.
Pero, de acuerdo con los señalamientos en su contra, González Ortiz alienta activamente a quienes laboran con él a participar de tales experiencias. Y cuando la respuesta es negativa, su actitud migra hacia el acoso laboral. Lo mismo ocurriría en el caso de sus insinuaciones sexuales: ante el rechazo, el funcionario utiliza su poder para hostigar.
Quien esto escribe no es policía, ni agente del Ministerio Público, ni juez. No puedo por ello afirmar, de manera categórica, la veracidad de los señalamientos. Puedo, sin embargo, referir la impresión personal obtenida de las dos personas a quienes entrevisté sobre lo denunciado: sus descripciones de los hechos son vívidas y, sin duda, se comportan como individuos a quienes les domina el miedo a sufrir represalias si hablan abiertamente del tema.
Este último es, desde mi perspectiva, el aspecto más grave de la trama. Porque estamos hablando de una dependencia dirigida por una mujer, Elma Marisol Martínez González, en la cual las mujeres integrantes del personal se sienten vulneradas e indefensas porque se protege, desde el despacho principal de la Secretaría, a un abusador.
El argumento de la secretaria Martínez para no actuar en este caso ha sido un clásico sacado del manual de quienes no saben, no quieren o no pueden actuar: no se han presentado quejas ni denuncias en contra de su colaborador… y sin queja o denuncia puntual, es imposible proceder.
Sin duda el mínimo rigor jurídico plantea la obligación de respetar el principio de presunción de inocencia y, con éste, el derecho del señalado a saber quién le acusa y el contenido del señalamiento. Pero también resulta comprensible la negativa de las víctimas a dar la cara por desconfianza y temor. Temor fundado, según sus propias palabras.
Y eso es responsabilidad absoluta de la titular del área. Porque si algo deja en claro la situación descrita es la incapacidad de Marisol Martínez González para, por un lado, construir un clima laboral libre de violencia hacia las mujeres y, por el otro, generar la confianza necesaria para denunciar, sin temor a represalias, en caso de registrarse hechos indeseables.
Seguiremos en el tema, desde luego.
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx







