Consejerías -del IEC- al borde de un ataque de nervios
Carlos Arredondo Sibaja
En el imperdible largometraje de Milos Forman “The people Vs Larry Flint”, el actor Edward Norton encarna al abogado defensor del polémico pornógrafo Larry Flint quien es, a su vez, interpretado magistralmente por Woody Harrelson. Un diálogo del inicio del juicio -del cual trata esencialmente el filme- resulta oportuno traer a cuenta a propósito del asunto del cual nos ocupamos hoy en este espacio.
En su argumento de apertura, el personaje de Norton realiza un señalamiento fundamental: no está ahí, puntualiza, para defender el buen gusto ni la calidad literaria o fotográfica de la revista editada por su cliente -Hustler magazine, para facilitar la búsqueda a quienes ya estén intrigados con el asunto-, sino para defender su derecho a imprimirla y distribuirla.
El argumento pone el énfasis en una característica medular del Derecho a la Libertad de Expresión con la cual, por cierto, tienen un problema serio los déspotas del mundo: la obligación no solo de tolerar sino de proteger y garantizar la difusión de opiniones contrarias a la nuestra, controversiales por su contenido o la forma como se exponen, e incluso desagradables desde nuestro particular punto de vista.
En su papel de abogado, Norton advierte al jurado sobre la necesidad de no concentrarse en el discurso de su cliente -el contenido concreto de su revista-, el cual pueden válidamente no compartir e incluso deplorar, sino en lo único importante: su derecho a decirlo, a exponerlo en público y difundirlo.
Porque en relación con las opiniones, el punto a debatir no es si éstas resultan “adecuadas”, “válidas” desde una cierta moral particular, o “correctas”, sino si se ubican dentro de los límites del derecho a expresarlas.
El liminar anterior viene a cuento a propósito de las tres “cartas del lector” publicadas esta semana en las ediciones impresa y electrónica de Vanguardia y suscritas por Layla Karina Miranda Girón, Leticia Bravo Ostos y Óscar Daniel Rodríguez Fuentes, quienes son integrantes del Consejo General del Instituto Electoral de Coahuila.
En sus misivas, las y el consejero se duelen del contenido de dos textos de opinión autoría de mi compañero de páginas Luis García Abusaíd. Las expresiones y el tono de lo publicado, afirman, les causa agravio en su “persona, honor, imagen y reputación”. La consejera Miranda Girón fue incluso más allá y refirió la posibilidad de una “afectación directa” ¡a su desempeño profesional!
No había conocido, lo digo con asombro, un ejemplo de columna de opinión, en la cual se critique el proceder de un servidor público, con la potencia para impactar a tal grado al sujeto de análisis. Ya tiene Luis un trofeo para presumir en las tertulias.
¿Cuál es el “problema” con los artículos elaborados por él? En esencia, el mismo de siempre: a nuestros servidores públicos les provoca reacciones alérgicas -casi al grado de inducirles un choque anafiláctico- la crítica a su desempeño. Y si ésta se expresa -como a muchos nos gusta- con un estilo satírico y recurriendo a figuras retóricas, alegorías y metáforas, para ponerle más sabor al caldo… la mesa está puesta para llamarse a ofensa.
Recurriendo a una pila de lugares comunes y palabrería huera, el trío replicante dice esencialmente lo mismo: no les gusta cómo opina Luis. Los recursos con los cuales decora sus textos no les resultan agradables y preferirían en su lugar otros. Unos capaces de “contribuir al fortalecimiento del diálogo democrático y el análisis objetivo de la función electoral”… según su particular punto de vista, seguramente.
No extraña, por supuesto, encontrarse con casos de servidores públicos a quienes les resulta intolerable la crítica y se llaman a ofensa frente a señalamientos perfectamente válidos. Los de Layla, Leticia y Óscar son apenas los enésimos ejemplos a los cuales hemos debido enfrentarnos los periodistas y quienes hemos decidido dedicarnos al oficio de opinar…
Pero pues no hay más… con esos bueyes se debe arar. Seguiremos en el tema, con toda seguridad.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
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