Jesús Vázquez Trujillo
La Expulsión de los Jesuitas

Los frailes jesuitas arribaron al virreinato de la Nueva España en 1575, siendo su santo patrono San Ignacio de Loyola.
La orden religiosa de la Compañía de Jesús, tuvo mucho poder e influencia en la Metrópoli, así como en todos los dominios del vasto imperio español, siendo un grupo con ideas muy liberales y avanzadas para la época en que se vivía en el siglo XVIII.
En las escuelas administradas por los jesuitas se inculcaba a los educandos el liberalismo político, consistente en derrocar o asesinar al monarca sí éste tiranizaba al pueblo en cualquier forma.
Además de que, si la orden necesitaba dinero, preferían pedírselo a las familias adineradas novohispanas, en lugar de solicitarlo a la corona, es decir los jesuitas mostraban cierta independencia de la voluntad real, eso sin contar que la Compañía de Jesús empezó a inocular entre la gente un concepto de identidad nacional, haciéndoles ver a los habitantes del virreinato que ya no se consideraran novohispanos, sino mexicanos.
Todo esto tenía sumamente preocupado al rey Carlos III, a quien sus ministros el conde de Aranda y de Floridablanca, le hicieron ver que esta orden religiosa estaba sembrando la subversión hacia la corona entre los habitantes del enorme y vasto imperio español, pues estas ideas podrían desencadenar una futura rebelión contra la corona y la posterior independencia de las colonias españolas en América.
Pues los jesuitas se atrevían a cuestionar, disentir y oponerse al absolutismo monárquico de los borbones.
Es por ello que el 28 de abril de 1767, el rey Carlos III, envió un edicto sellado a todo el imperio hispánico, así como a las colonias americanas, ordenando la expulsión de la Compañía de Jesús, de todos los dominios de la corona española.
El día fijado para llevar a cabo esta consigna era el 25 de julio de 1767, esa fecha a la misma hora, los padres jesuitas serían expulsados de todos los dominios del imperio español, para ser desterrados al reino de Italia.
En el caso concreto de la Nueva España, es al virrey Francisco de Croix, a quien le toca ejecutar la real orden, disponiendo que donde quiera que se encontraran los jesuitas serían sacados de sus conventos o colegios en fila y con cadenas en los pies, y no se les permitiría llevarse nada, únicamente saldrían con la ropa que traían puesta.
Siendo conducidos al puerto de Veracruz, de donde saldrían rumbo al destierro italiano.
El edicto fue publicado en toda la Nueva España, lo cual naturalmente causó el descontento de sus habitantes, sin embargo, se castigaría con la pena de muerta a todo aquel que se opusiera a esta orden.
El edicto tenía una consigna muy clara contra los opositores: “Escuchad atentamente, súbditos del rey de España y de las Indias, vosotros habéis nacido para callad y obedeced, no para discutid las disposiciones del real gobierno”.
A la postre, esto sería una de las causas de la emancipación de la Nueva España, entre los padres jesuitas novohispanos expulsados estuvieron incluidos los grandes literatos Francisco Xavier Alegre y Francisco Xavier Clavijero.
Una vez independizados de España, a los frailes de la Compañía de Jesús, se les permitió regresar al país en 1833, gracias a una orden emitida por el general Antonio López de Santa Anna, presidente de la República.
Esta orden incluyó, la restitución de todos los bienes expropiados a la Compañía de Jesús. Colegios, conventos y dinero.







