Jesús Vázquez Trujillo
El Tratado de Aguas Internacionales de 1944

A principios del siglo XX, hubo una disputa entre México y los Estados Unidos de América, por la distribución y el reparto equitativo de las aguas de los ríos Bravo y Colorado.
Mismos senderos acuíferos que comparten ambos países, en 1909, 1920 y 1930, ambos gobiernos se acusaron mutuamente de desviar el curso de ambos ríos sin avisarle al otro con el fin de dotar del vital líquido a sus respectivos territorios.
No fue sino hasta la década de 1940, que se decidió ponerle fin al litigio hidráulico entre México y la Unión Americana.
Aprovechando la buena relación diplomática que existía entre ambas naciones, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, gracias a la política del “Buen Vecino”, implementada por el presidente Franklin Delano Roosevelt, para todos los países de América Latina.
Fue que el 3 de febrero de 1944, se suscribió y firmó un tratado de aguas internacionales, para garantizar un reparto justo, equitativo e igualitario, de las aguas de los ríos Tijuana, Bravo y Colorado, en dicho tratado se estableció que México le entregaría 6,000 metros cúbicos de agua a los Estados Unidos para abastecer a Arizona, California y Nevada cada 5 años.
Mientras que la Unión Americana, estaría obligada a entregarle a México 8,000 metros cúbicos de agua en el mismo plazo para abastecer a los estados de Baja California y Sonora.
Gracias a este tratado fue que se pudieron inaugurar las presas internacionales “Falcón” y “De la Amistad”.
En 1954 y 1956, bajo los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines y el general Dwigth Einzenhower, presidentes de México y los Estados Unidos de América respectivamente.







