Enrique Martínez y Morales
La semana pasada dio inicio en Coahuila la colecta anual de la Cruz Roja, una de las instituciones humanitarias más respetadas y queridas por la sociedad mexicana. Su presencia es tan cotidiana que muchas veces olvidamos la enorme dimensión del trabajo que realiza todos los días.
Basta observar sus cifras para entender su impacto. Tan solo en nuestro estado brinda alrededor de 110 mil servicios de ambulancia al año, además de más de 380 mil consultas médicas y más de 80 mil servicios especializados, entre ellos estudios de rayos X, ultrasonidos y análisis de laboratorio. Detrás de cada número hay una urgencia atendida, una vida salvada, una familia que encontró apoyo en medio de la incertidumbre.
La Cruz Roja forma parte de la vida cotidiana de nuestro país desde hace más de un siglo. En México fue fundada en 1910, inspirada en el movimiento humanitario internacional creado por Henry Dunant en el siglo XIX. Desde entonces, su presencia ha sido constante en algunos de los momentos más difíciles de nuestra historia. Durante la Revolución Mexicana brindó atención médica a heridos de ambos bandos bajo el principio de neutralidad que caracteriza a la institución. Décadas después, su trabajo volvió a ser fundamental tras los sismos de 1985, cuando miles de voluntarios y paramédicos participaron en labores de rescate y atención médica. Más recientemente, la vimos nuevamente en primera línea durante los sismos de 2017 y en innumerables emergencias, accidentes y desastres naturales a lo largo del país.
Parte de su fortaleza radica en su modelo de organización. La institución opera en Coahuila a través de una delegación estatal y once delegaciones municipales y regionales, lo que permite acercar los servicios a distintas comunidades y responder con mayor eficacia a las emergencias. Este esquema combina coordinación institucional con arraigo local, una fórmula que ha permitido que la Cruz Roja se consolide y crezca con el paso de los años.
Sin embargo, el verdadero secreto de su permanencia es otro: la participación de la sociedad. A lo largo del tiempo, ciudadanos comprometidos han integrado sus patronatos y consejos directivos, aportando liderazgo, trabajo voluntario y capacidad de gestión. Empresarios, profesionistas y voluntarios han entendido que apoyar a la Cruz Roja es invertir en una causa que beneficia a todos. Su misión es noble y universal: salvar vidas, aliviar el sufrimiento y actuar cuando más se necesita.
Por eso la colecta anual no es solo una campaña de recaudación. Es también un refrendo de que las instituciones más valiosas se construyen entre todos. Cada aportación, por pequeña que parezca, ayuda a mantener ambulancias en operación, equipar hospitales, capacitar paramédicos y fortalecer la capacidad de respuesta ante emergencias.
Apoyar a la Cruz Roja es, en el fondo, apoyarnos a nosotros mismos. Nadie sabe cuándo puede necesitarla, pero todos sabemos que queremos que esté ahí cuando llegue ese momento.
Hoy, como cada año, la invitación es clara: sumarnos a esta causa que salva vidas. Porque cuando una sociedad decide organizar su solidaridad, nacen instituciones capaces de trascender generaciones. Como la Cruz Roja.








