Simón Vargas Aguilar
Ante los desafíos del desarrollo: esfuerzo o mediocridad
México sigue teniendo una proporción alta de jóvenes que no estudian ni trabajan, cercana al doble del promedio de la OCDE, a pesar de la expansión de becas
La idea de que un joven debe esforzarse más, que no basta con “estar”, que hay que estudiar de verdad, portarse bien, rendir cuentas, competir consigo mismo y buscar una vida mejor ha sido desplazada por un discurso más cómodo y conformista, el de la inclusión sin exigencia y el de la permanencia sin necesidad del aprendizaje; el resultado no ha sido una sociedad más humana sino más mediocre.
Hoy no hace falta ser mejor, basta con no desertar, basta con que el aula sea un espacio de convivencia y no de excelencia, estamos frente a una generación menos dispuesta a buscar más opciones, a estudiar una carrera difícil o a soportar la frustración de un problema que no se resuelve a la primera porque el conformismo no llega de golpe, se enseña, se promueve, se premia y se normaliza.
Esa normalización no se queda en el salón, se aumenta en el mercado laboral. Día con día encontramos personal poco capacitado, poco enfocado e interesado en mejorar, ¿qué país seremos si escasean médicos bien formados, ingenieros capaces e incluso maestros que sepan enseñar a leer, comprender y a calcular? La educación conformista no produce personas más libres, genera personas más dependientes de un puesto mediocre, de un apoyo económico o de una narrativa que les dice que el esfuerzo es innecesario e injusto.
Aunque nos cueste reconocerlo la gente debe esforzarse por mejorar, por ascender y por ganar más, no porque el dinero sea el único valor, sino porque el trabajo bien hecho es una forma de respeto hacia uno mismo y frente a los demás.
La cultura del esfuerzo no es un lema de empresa ni un capricho, es la convicción, profunda de que el origen no debe ser destino; por eso resulta tan grave que, en nombre de la justicia social, desde el gobierno se esté desechado la cultura del esfuerzo; ampliar becas y programas de apoyo es defendible cuando hay necesidad, pero el problema empieza cuando el apoyo se desliga de la calidad, cuando se cancelan o se debilitan las evaluaciones estandarizadas, cuando se sustituye el aprendizaje medible por una pedagogía de intenciones y cuando se presenta la exigencia como agresión.
La nueva escuela mexicana se ha defendido como un modelo que forma ciudadanos críticos y no simples memorizadores y aunque el propósito suena noble sin lectura fluida, sin comprensión, sin matemáticas sólidas y sin hábitos de trabajo, el pensamiento crítico es un slogan.
México sigue teniendo una proporción alta de jóvenes que no estudian ni trabajan, cercana al doble del promedio de la OCDE, a pesar de la expansión de becas. El dinero que llega a una cuenta no construye, por sí solo, un oficio, una vocación ni un carácter y es que si al mismo tiempo se les dice a los adolescentes que el mérito es sospechoso, que la competencia lastima y que el Estado resolverá lo que ellos no quieran resolver, no debe extrañar que muchos elijan lo inmediato, pero con ello qué calidad de profesionales tendremos en el futuro, quién estará para prestar la atención médica oportuna y eficiente, quiénes harán obras que sí funcionen.
+ Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.








