¿Qué hacer con la ONU?
«La seguridad mundial depende de la cooperación; ningún país puede protegerse solo». Albert Einstein
Simón Vargas Aguilar
Es probable que muchos nos hayamos hecho la pregunta que da título a este escrito; no sólo recientemente sino desde hace tiempo; y es que aunque el pasado 2025 la ONU cumplió 80 años de haber sido creada, con el objetivo de promover la paz y la seguridad internacionales, en nuestra época pareciera que su irrelevancia es cada vez más evidente.
Incluso el Presidente Donald Trump mencionó en una Asamblea: “Naciones Unidas tiene un potencial tremendo, pero ahora solo escriben cartas llenas de palabras vacías”; y por supuesto no se pasa desapercibido que esta dura crítica proviene de uno de los mandatarios más importantes actualmente, quien incluso logró poner a la ONU en una difícil encrucijada al recortarle 5,000 millones de dólares de ayuda internacional.
Desde su creación ha tenido defectos estructurales que hoy agravan su crisis; el más notorio es el derecho de veto que ostentan los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Este mecanismo, diseñado para evitar que las grandes potencias se enfrentaran directamente, ha terminado por bloquear sistemáticamente decisiones cruciales, perpetuando un sistema desigual que contradice el principio fundacional de igualdad entre Estados.
La guerra entre Rusia y Ucrania, que ya supera los cuatro años, sigue sin resolución; el Consejo de Seguridad ha sido incapaz de imponer sanciones efectivas o un alto al fuego duradero, con Rusia vetando cualquier medida que la perjudique. Mientras la ONU clama por una «paz justa y duradera» sus llamados han sido ignorados ante la escalada militar, incluyendo propuestas de despliegue de tropas europeas en Ucrania.
En Gaza, la crisis humanitaria persiste pese al inicio del alto al fuego anunciado por Estados Unidos; la ONU ha condenado entradas ilegales de fuerzas israelíes en instalaciones humanitarias y ha documentado violaciones sistemáticas del derecho internacional, incluyendo discriminación racial contra palestinos, pero sus resoluciones son ignoradas, dejando a la organización como un observador de lo que algunos analistas han llamado una «doble ocupación» con supervisión estadounidense.
La intervención de Estados Unidos en Venezuela representa otro golpe a la credibilidad de la ONU. Esta acción, justificada por Washington como parte de su «Doctrina Monroe», ha sido condenada por diversos países y organizaciones, que la ven como un acto de neoimperialismo que erosiona el orden internacional.
Esta intervención se enmarca en un patrón más amplio de unilateralismo estadounidense, que incluye la búsqueda renovada de control sobre Groenlandia. Trump ha designado un enviado para «negociar» la adquisición de este territorio danés, imponiendo aranceles a países europeos que se oponen. Estas acciones cuestionan si la ONU puede aún mediar en un mundo donde las superpotencias actúan como si las reglas no aplicaran a ellas.
Diseñada en una era diferente, el Consejo reflejaba el equilibrio de poder de 1945; hoy, en un mundo con potencias emergentes excluidas de los asientos permanentes, esta estructura falla en abordar amenazas modernas. Incluso la presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, ha descrito el momento como «de quiebre o avance», enfatizando la necesidad de un multilateralismo robusto ante crisis.
Por otro lado, habrá que reconocer que su compromiso humanitario es sorprendente, y que más allá del Consejo de Seguridad, el sistema de Naciones Unidas comprende una red de fondos, programas y agencias especializadas, cada uno con su propia área de trabajo, liderazgo y presupuesto; por ejemplo, la OMS, la FAO o la ACNUR; estas operaciones, financiadas por contribuciones voluntarias, representan el lado operativo y efectivo de la organización.
La ONU enfrenta una encrucijada crítica en 2026; para sobrevivir, necesita reformas urgentes: expandir el Consejo, limitar el veto y adaptarse a un mundo multipolar. Tristemente, mientras el mundo se desliza hacia la obsolescencia, la pregunta no es si la ONU falla, sino si los Estados miembros permitirán su renacimiento o su exterminio.
Consultor en temas de Seguridad, Inteligencia, Educación, Religión, Justicia, y Política.







