Raúl Adalid Sainz
Entrar a un cine y que la magia de una película te arrulle en un canto, no tiene nombre.
Claro, era Shakespeare, ese siglo dieciséis de su vida.
Hablar de Shakespeare bajo un velo de ficción es una apuesta. Un viaje a qué lo pudo inspirar para escribir una de sus obras cumbre, «Hamlet».
Aquí la novelista Maggie O’Farrell, y el extraordinario guion conjunto con Chloé Zhao, es el alma a construir, parten de un esqueleto muy bien concebido.

El reto lo echa a andar maravillosamente la directora Chloé Zhao. Extraordinaria directora, la cual recuerdo con dos espléndidos filmes: «The Rider» y «Nomadland».
«Hamlet», es el canto a la naturaleza, a la tierra, al bosque, al duelo, al amor mujer hombre expresado por el cuerpo, por los sentidos, por los hijos, por el respeto y por la pérdida, el cómo sobrevivir a ella, y sublimarse en el amor a la vida. El entender en el dolor el cumplimiento de los ciclos: Nacer y morir.
La vida y la muerte. Tema fundamental en la película. ¿Cómo se construyen a través de esto Agnes y William?

El dolor trágico de la pérdida de un hijo, se sublima en teatro. William Shakespeare da vida a Hamlet. El ser o no ser a orillas del Támesis, es un canto de dolor y acción dramática. Esa es la cuestión. El corregir obsesivamente en la dirección a los actores: un canto de exigencia a la verdad que un intérprete debe expresar para corresponder con el alma de lo escrito. Maravillosas secuencias del gran actor Paul Mescal que interpreta a William.
Agnes, en su visita al «Teatro Globo» de Londres, para ver el estreno de «Hamlet», vive ese caballo desbocado de lo que es la emoción humana transformada en lenguaje teatral. Sublime canto final de la actriz Jessie Buckley.
Dejo al final mi admiración por el trabajo de esta actriz irlandesa. Inspiración nata, salvaje, pura, cándida y tierna. Un ser de Agnes diferente que se enamora de William, al roce de su mano. De la narración de éste al contarle el amor entre Eurídice y Orfeo.
Jessie Buckley. ¡Qué esencia viva de actriz! Su cara, su mirada, su corporalidad manifiesta, es el rostro de mujer de alma de actriz que se entrega.

«Hamlet», es también la metáfora en imagen cinematográfica de la famosa frase que rige a la gente de teatro: «The Show must go on» (El show debe seguir). Un compromiso filial con el teatro a pesar de todos los pesares. De la muerte de un ser querido, muchas veces, e irse a cumplir con la función. Quienes hemos pasado esto, sabemos vivamente por lo que Shakespeare pasó. Ficción o realidad, según la película. Nunca sabremos si eso le ocurrió al bardo inglés. Pero no deja de ser posible.
Shakespeare, más vivo que nunca. El teatro y la vida, esa poesía que transforma la realidad en «Hamlet».
Raúl Adalid Sainz, en algún lugar de México Tenochtitlan.







