viernes 6, marzo, 2026

FRACTALIDADES

La felicidad es el nuevo objetivo público de las sociedades desarrolladas

El periodista Andrés Oppenheimer aclara en su libro que, aunque los países más felices tienen altos niveles de ingresos, no hay una relación automática que haga que cuanto más rico es un país, más feliz sea su gente

Salvador Hernández Vélez

En el mundo actual globalizado –interconectado– de las redes digitales, las personas cada vez se sienten menos felices. Las encuestas reflejan un crecimiento preocupante de la insatisfacción, el estrés y la depresión a nivel global. Andrés Oppenheimer, periodista y escritor argentino, aborda estos temas en su libro “¡Cómo salir del pozo! Las nuevas estrategias de los países, las empresas y las personas en busca de la felicidad”. El libro se basa en entrevistas hechas por el autor a diferentes personas en varios países sobre las nuevas estrategias encaminadas a buscar la felicidad. Charla con funcionarios de gobierno, directores ejecutivos (CEO) de empresas, académicos y líderes sociales y comunitarios. Viaja a Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia, Reino Unido y Bután en busca de respuestas.

Entre los datos sobresalientes, Oppenheimer señala que Bután es el primer país en medir el Producto Bruto de la Felicidad (PBF); para ellos es más importante que el Producto Interno Bruto (PIB). Ellos miden el estado de salud espiritual y mental de sus habitantes para reorientar su política pública. Caso similar ocurre en Reino Unido, en donde el primer ministro británico, David Cameron, fue uno de los pioneros en medir la felicidad por medio del censo nacional, agregando cuatro sencillas preguntas, casi sin costo. Indicó que la idea era detectar las áreas geográficas con mayor cantidad de gente infeliz y reenfocar las políticas públicas.

El descubrimiento es que en zonas de buen nivel económico identificaron que hay franjas en ciudades británicas con una mayor proporción de personas solas y deprimidas o con problemas de salud mental, a pesar de que las pensiones de los jubilados eran las mismas que en el resto del país. El gobierno reorientó sus programas de asistencia social hacia estos sectores, impulsando clubes de ajedrez, bridge o clases de arte. En el 2018 crearon el Ministerio de la Soledad para aumentar la felicidad en la población. Y Japón en 2021 también creó un Ministerio de la Soledad para hacer frente a la creciente crisis de desesperación, drogadicción y suicidios que se exacerbó con la pandemia del COVID-19.

Oppenheimer aclara en su libro que, aunque los países más felices tienen altos niveles de ingresos, no hay una relación automática que haga que cuanto más rico es un país, más feliz sea su gente. Pone el ejemplo de los Emiratos Árabes o Kuwait, que no están entre los países más felices del mundo. Los primeros diez lugares del ranking, de acuerdo con el Informe Mundial de la Felicidad, son: 1) Finlandia, PIB per cápita: 48,631 dólares; 2) Dinamarca, PIB per cápita: 57,651 dólares; 3) Islandia, PIB per cápita: 53,935 dólares; 4) Israel, PIB per cápita: 41,719 dólares; 5) Países Bajos, PIB per cápita: 56,516 dólares; 6) Suecia, PIB per cápita: 53,254 dólares; 7) Noruega, PIB per cápita: 65,364 dólares; 8) Suiza, PIB per cápita: 70,546 dólares; 9) Luxemburgo, PIB per cápita: 115,838 dólares; 10) Nueva Zelanda, PIB per cápita: 42,696 dólares. Este promedio que cita Andrés Oppenheimer en su libro corresponde a los últimos tres años anteriores al 2023.

En los países escandinavos es donde más pagan impuestos en el mundo, pero a la vez reciben muy buenos servicios de sus gobiernos y son los más felices. En particular, Dinamarca es el país menos corrupto del mundo y con un alto índice de felicidad. En el libro también se habla sobre “las escuelas de la felicidad” de la India, “los recetadores sociales” para combatir la soledad en el Reino Unido y de los grupos de voluntarios en Dinamarca, Finlandia y Bután.

Oppenheimer remarca que hay factores que alimentan la desesperanza, como la pérdida de comunidad, la carencia de propósito y la adicción a las redes sociales. Y hay otros factores que inciden en la felicidad: las relaciones humanas, los niveles de confianza mutua, el contacto con la naturaleza, la vida social, las actividades comunitarias y el sentido de propósito.

Al final, nos presenta, en diez recetas distintas, soluciones concretas: hacer crecer la economía, vivir en democracia, combatir la corrupción, dar “clases de felicidad” en las escuelas, medir la felicidad, tener un propósito en la sociedad, aumentar las actividades comunitarias, crear más espacios verdes, estar menos obsesionados con el estatus socioeconómico y mirar para adelante, hacia el futuro.

jshv0851@gmail.com

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