La prueba PISA pone en evidencia a México: ¿por qué seguimos reprobando?
México se ubicó en el nada honroso tercer lugar entre los países con los peores resultados, lo cual es muy preocupante
Salvador Hernández Vélez
La Prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) es un estudio que se realiza cada tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La prueba evalúa las competencias de estudiantes de 15 años en lectura y ciencias. Su objetivo es medir la capacidad de aplicar los conocimientos escolares a situaciones del mundo real, y no sólo memorizarlos. En esta evaluación participan más de 70 países comprometidos con la mejora de sus sistemas educativos.
Los resultados de este año exhiben las fallas del sistema educativo mexicano en áreas fundamentales como la lectura, la escritura y las matemáticas. México se ubicó en el nada honroso tercer lugar entre los países con los peores resultados, lo cual es muy preocupante. Son diversos los factores que contribuyen a este rezago en la comprensión lectora y matemática; y son también, en parte, consecuencia de la pandemia de COVID-19. Para revertir esta situación, es urgente fortalecer la formación docente, perfeccionar el uso de las tecnologías digitales e impulsar una enseñanza centrada en el español y las matemáticas.
En la década de los ochenta del siglo pasado, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN creó, en conjunto con la Secretaría de Educación Pública (SEP), el Programa Nacional de Formación de Profesores de Matemáticas. Dicho programa partía del reconocimiento de que los profesores de educación superior, tanto en el mundo como en México, no fueron formados originalmente para ejercer la docencia. La mayoría se preparó para desarrollarse en el ámbito profesional, no para el sistema educativo.
Por ejemplo, el ingeniero que imparte clases de matemáticas lo hace porque se asume que domina la materia, debido a que cursó diversas asignaturas relacionadas con estas ciencias. Sin embargo, esa formación estuvo orientada a fortalecer conocimientos de ingeniería, no a la enseñanza. En la carrera de ingeniería no se incluyen materias de pedagogía, didáctica, historia o filosofía de la ciencia vinculadas con la matemática, ni cursos sobre los procesos históricos y epistemológicos mediante los cuales se han construido los conceptos matemáticos a lo largo del tiempo.
Cuestiones fundamentales como el origen de los números, las necesidades que dieron lugar a su desarrollo, sus primeras formas de representación –con piedras o con los dedos–, o el surgimiento del número uno y del cero. Tampoco se estudian con profundidad los sistemas de numeración de civilizaciones, como la de los babilonios o los mayas. El sistema babilónico, por ejemplo, era de base sesenta, lo que implicaba aprender las tablas de multiplicar del uno al sesenta, mientras que el sistema maya era vigesimal. Y nuestro sistema decimal es base diez; las tablas son del uno al diez. En contraste, las computadoras lo usan en base dos, con unos y ceros.
Desde una perspectiva histórica, en la matemática primero se desarrolló la aritmética, la geometría plana y la trigonometría; luego el álgebra; más tarde la geometría analítica con la formulación del plano cartesiano por parte de René Descartes. En la historia de las ciencias, la matemática constituye el primer gran continente científico creado por el ser humano. Fue el matemático y filósofo Euclides quien sistematizó el conocimiento matemático acumulado durante más de cuatro mil años y lo legó a la humanidad como ciencia en su obra “Los Elementos”, escrita en el siglo III a. C. Estos conocimientos continúan enseñándose, aún hoy, desde la educación primaria hasta el nivel medio superior.
Casi veinte siglos después, en el siglo 17 d. C., los científicos de la época consolidaron el conocimiento de la Física, desarrollado por la humanidad a lo largo de más de cinco mil años, y lo transformaron en ciencia moderna gracias a las aportaciones de Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo y Newton. Así surgió la Física clásica, encargada de estudiar los fenómenos del universo a escala macroscópica, observables a simple vista. Asimismo, Isaac Newton desarrolló el cálculo diferencial, base matemática para el estudio del movimiento y el cálculo integral. Estos conocimientos resultan indispensables en la formación de los docentes de matemáticas, ya que constituyen la base esencial para una enseñanza sólida y de calidad, como lo demanda la época del conocimiento.







