El cine y la música florecen en el campo: la vida de don Álvaro
El amor por el sonido lo sentía como parte de la familia. Desde que nació, ese sonido ya estaba en su casa, así que nació con y para la música
Salvador Hernández Vélez
José Álvaro García Guerrero, “Don Álvaro, el del sonido”, nació junto a un tocadiscos. La música lo llamaba, y asumió con el tiempo que sería el instrumento para ganarse la vida. Llegó a este mundo el 1 de abril de 1953 en Rosita Casco, municipio de Viesca, ubicado en las faldas de la Sierra de Jimulco en la región de Laguna Seca. En estas tierras, donde desemboca el río Aguanaval, sus padres Salomé García Andrade y Emilia Guerrero Varela lo trajeron al mundo junto a sus hermanas Amelia y Ma. Cristina, así como a su hermano Guillermo, quienes se le adelantaron en el camino. Es el menor de sus hermanos.
Cursó la educación primaria y luego lo mandaron a capacitarse al CECATI, en Gómez Palacio, Durango. Ahí estudió un año para hacer reparaciones eléctricas. Con esos conocimientos, apoyaba a los vecinos y a quien le solicitara sus servicios eléctricos. Empezó en su comunidad prestando sus servicios sin remuneración. El sustento de su casa era cultivar, en aquellos años, algodón, trigo, sandía, melón, chile, tomate, alfalfa. También tenían forrajes para alimentar bien a su ganado. En su casa tenían un molino donde molían nixtamal, trigo, chile, sorgo, entre otros productos.
La familia de don Álvaro contaba con un equipo de música que incluía bocinas y discos de acetato. Lo rentaban en los diferentes ejidos para los festejos de XV años, las bodas y los cumpleaños. Él recuerda que desde niño ayudaba a su papá a cargar las bocinas del sonido, así aprendió a reproducir los discos, colocar la aguja y a desconectar el sonido. Ahí le fue naciendo el amor por el sonido, lo sentía como parte de la familia. Desde que nació, ese sonido ya estaba en su casa, así que nació con y para la música. Desde pequeño vio que en el tocadiscos y la música estaban los ingresos para la familia.
De joven aprendió a jugar beisbol en tercera base, desde los 17 años y hasta casi sus 50; la pasión por este deporte se la transmitió su tío Francisco Guerrero Varela, quien lo llevaba y lo ponía a jugar. Llegó a participar con el equipo Viñedos. Eso le permitió estar en la liga mayor donde ocupaba la tercera base. También de la región de Laguna Seca, del ejido El Esfuerzo, salió el jugador Humberto Rodríguez.
Su familia se ayudaba con un cine ambulante que ofrecían en una camioneta tipo “húngaras”. Salían a dar función exhibiendo películas de la época. Con el tiempo, en el patio de su casa instalaron una sala para tener funciones de cine con regularidad. La gente llevaba sus propias sillas, como en el cine ambulante. El espacio, aunque modesto, les sirvió a la vez para hacer presentaciones de grandes artistas que se desplegaban a nivel nacional. En la segunda mitad del siglo 20 tocaron: Lorenzo de Monteclaro, Juan Montoya, Los Gorriones del Topo Chico, Los Coyotes del Río Bravo, Víctor y Fina.
Las caravanas de artistas norteños, que en aquel entonces se andaban promocionando, se presentaban en La Laguna, eran tiempos de bonanza, pues la economía agrícola lo posibilitaba. Se cosechaba mucho algodón, al que le decían el oro blanco en la región lagunera.
Don Álvaro es un gran líder, siempre le ha gustado apoyar al prójimo, un gran ser humano, altruista y muy respetado en toda la región de Laguna Seca. Actualmente, cuenta con un sonido que aún renta. Oferta las mañanitas para los cumpleaños, pues dice que hoy en día todo esto de la música es más fácil. Tiene su repertorio musical en una memoria, que él ya aprendió a manejar, cambia las carpetas de música según lo solicite el cliente. También mediante su celular conecta a las bocinas y va seleccionando las canciones que le piden. Ha pasado desde los discos de acetato, el casete, la memoria y ahora el Bluetooth.
En la actualidad tiene instalado en el techo de su casa un sonido para perifonear. Se escucha en varios ejidos cercanos: Lázaro Cárdenas, Santa Cruz, Alto del Palomillo y el Tejabán. Se casó con Socorro González Vega y procrearon a David, Omar, José, Álvaro y María Guadalupe. Conserva su sonido como una reliquia invaluable. Fue presidente del comisariado ejidal por unanimidad de la asamblea ejidal en 2007.
Es un hombre sencillo, de complexión delgada, alto, tez morena y aún se mantiene activo con su sonido, que forma parte de su historia, aunque también le gusta participar en la política para ayudar a la gente.