Jessica Rosales
El absurdo del IEC que pone en duda al árbitro electoral
Hay decisiones institucionales que no solo generan dudas, sino que rayan en lo absurdo. Lo ocurrido con el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) y la resolución de la Comisión de Quejas y Denuncias sobre sobre la propaganda de Morena que utiliza la silueta de la presidenta Claudia Sheinbaum es uno de esos casos que exhiben con crudeza una preocupante y, evidentemente errónea, interpretación burocrática de la ley, que termina desdibujando el papel del árbitro electoral.
La resolución del IEC reconoció algo fundamental: la propaganda denunciada viola la normativa electoral. Sin embargo, en un giro difícil de justificar, el organismo decidió limitar el alcance de su medida cautelar a un solo espectacular, argumentando que solo uno le señaló el denunciante, en este caso el PAN. Es decir, aceptó que la práctica es irregular, pero optó por actuar únicamente sobre un caso aislado, ignorando decenas o quizá cientos de materiales idénticos distribuidos en todo el estado.
La lógica es tan simple que resulta sorprendente que el propio árbitro electoral no quiera verla. Si una propaganda es ilegal, lo es independientemente de si aparece en un espectacular, en diez o en cien. No es una discusión de palabras ni un detalle legal; se trata simplemente de aplicar una regla básica: que la competencia sea justa para todos.
El argumento del presidente del IEC, Óscar Daniel Rodríguez Fuentes, de que el instituto solo puede pronunciarse sobre aquello que fue denunciado de forma específica, resulta desconcertante. Bajo esa lógica, el organismo encargado de vigilar el proceso electoral renuncia de facto a cualquier capacidad de investigación propia y se convierte en una simple ventanilla administrativa que reacciona únicamente cuando alguien le lleva cada caso perfectamente enumerado y geolocalizado.
Entonces habrá que “facilitarles la chamba”, como dijo la dirigente estatal del PAN, Elisa Maldonado. Porque, al parecer, los sueldos —nada modestos— que perciben los consejeros del Instituto Electoral de Coahuila (IEC) no alcanzan para que el propio organismo haga la labor que la ley le asigna: investigar y vigilar el cumplimiento de las reglas electorales.
La solución que ahora se plantea es tan insólita como reveladora: que sean los ciudadanos quienes documenten cada espectacular, cada lona, cada microperforado o vehículo con propaganda irregular y envíen las evidencias para que el instituto, entonces sí, pueda actuar. Es decir, que la sociedad haga el trabajo de campo mientras el árbitro electoral se limita a revisar expedientes.
El llamado del PAN es claro: fotografiar, geolocalizar y denunciar cada pieza de propaganda que utilice la silueta de la presidenta Claudia Sheinbaum en la promoción anticipada de aspirantes de Morena a diputados locales. Y todo porque el IEC decidió que la medida cautelar que emitió contra esa propaganda solo aplica a un espectacular específico, dejando el resto en la impunidad.
La queja original, registrada como expediente DEAJ/PES/003/2026, fue presentada por violaciones a las reglas de propaganda electoral, actos anticipados de precampaña, uso indebido de la figura presidencial y simulación del proceso interno de Morena al tratarse de precandidaturas únicas que operan como si ya fueran candidatos en campaña constitucional.
En entrevista con una servidora, Elisa Maldonado subrayó la contradicción de fondo, “Una cosa es que te estoy señalando uno en alusión a los que hay en todo el estado, y otra cosa es que digan: ah, es que nada más pusiste este”.
La dirigente también señaló que la omisión del instituto resulta particularmente grave considerando que los precandidatos involucrados aspiran a ser diputados locales, es decir, a legislar para los coahuilenses. “Quieren empezar arrancando una precampaña que realmente es una campaña rompiendo las leyes. Imagínate qué tipos de diputados están aspirando a ser”, advirtió.
Confieso que me resistía a creer que el árbitro electoral —o al menos algunos de sus integrantes— pudieran tener los dados cargados. Pero decisiones como ésta resultan difíciles de explicar de otra manera.
La paradoja de la resolución quedó en evidencia en las propias filas de Morena debido a que la orden emitida no establece de forma explícita que la medida cautelar aplica únicamente a un espectacular, y ese vacío bastó para sembrar la confusión al interior de ese partido político.
Varios precandidatos optaron por retirar la silueta de la presidenta de sus materiales por precaución, asumiendo que la resolución los alcanzaba a todos. Incluso el presidente estatal de Morena, Diego del Bosque, fue más lejos y presentó una impugnación ante las autoridades electorales federales.
Ante esto el PAN se dio a la tarea de presentar una nueva denuncia y hacerle la chamba al IEC, señalando los espectaculares a su alcance.
Pero más allá del episodio concreto, lo que queda en el aire es una pregunta mayor: ¿qué está pasando con el órgano electoral local? Porque el IEC forma parte de los llamados OPLE, organismos que Morena ha insistido en desaparecer bajo el argumento de que son costosos, ineficientes o políticamente capturados.
Irónicamente, decisiones como esta parecen dar argumentos a quienes quieren desaparecerlos.
Porque lo que hoy queda claro es que, mientras el instituto se escuda en tecnicismos, la propaganda que reconoce como ilegal sigue circulando libremente.
La imparcialidad de una autoridad electoral no se demuestra con discursos ni con resoluciones a medias, sino con decisiones firmes que hagan valer la ley sin importar a quién incomoden.
Cuando el árbitro se hace el desentendido, la cancha deja de ser pareja. Y la democracia, inevitablemente, empieza a perder.







