viernes 30, enero, 2026

En el tintero

Jessica Rosales

Jorge Romero da el tiro de gracia al PAN en Coahuila

El reloj electoral avanza y, con él, la cuenta regresiva para decisiones que marcarán el futuro inmediato, y quizá definitivo, del Partido Acción Nacional en Coahuila. Este viernes 30 vence el plazo para el registro de coaliciones y, mientras el PRI ya formalizó su alianza con Unidad Democrática de Coahuila y el Partido del Trabajo hizo lo propio con Morena, el PAN decidió quedarse solo. Una soledad política que no es producto del consenso interno, sino de la imposición desde el centro.

La dirigencia estatal panista confirmó públicamente que no habrá alianza con el PRI, cerrando así una vía que, guste o no, había permitido al PAN conservar presencia en el Congreso local y espacios clave dentro del Gobierno de Coahuila, como las secretarías de la Mujer y de Cultura. La decisión no solo cayó como balde de agua fría entre la militancia, sino que encendió un profundo enojo que hoy amenaza con fracturar al partido desde sus cimientos.

Fuentes internas del PAN en Coahuila señalan directamente a Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del partido, como el principal responsable de lo que describen sin rodeos como el inicio del declive y posible desaparición del PAN en la entidad. Y no se trata solo de una percepción política: estudios internos del propio Comité Directivo Estatal advierten  que, en alianza, Acción Nacional podía aspirar a poco más del 9 por ciento de la votación, con una tendencia al alza. En solitario, el panorama es desolador: apenas poco más del 3 por ciento y con tendencia a la baja, un escenario que coloca al partido al borde de perder el registro estatal y, con ello, sus prerrogativas.

La inconformidad no es exclusiva de la militancia. Incluso sectores de la iniciativa privada hicieron llegar un pronunciamiento al Comité Ejecutivo Nacional solicitando reconsiderar la alianza en Coahuila. El documento, según relatan, nunca fue aceptado por Jorge Romero. Tampoco surtió efecto el viaje a la Ciudad de México de figuras históricas del panismo coahuilense como y expresidentes de ese partido en Coahuila como Rosendo Villarreal, Carlos Orta, Bernardo González, Jorge Zermeño y Juan Antonio García Villa, quienes intentaron, sin éxito, abrir un canal de diálogo. Romero no los recibió. Apenas sostuvo una conversación breve y estéril con la dirigente estatal, Elisa Maldonado, a quien hoy, aseguran, ni siquiera le responde el teléfono.

El mensaje fue claro y contundente: no hay espacio para el diálogo. Más aún, en lo que muchos interpretan como una represalia, la dirigencia nacional retuvo la quincena de los trabajadores del Comité Directivo Estatal correspondiente a la primera mitad de enero, recurso que hasta el viernes 23 seguía sin liberarse. Una señal de control político que ha sido leída como castigo y advertencia.

La tensión escaló aún más cuando Jorge Romero amagó con desaparecer el Comité Directivo Estatal para convertirlo en una simple delegación subordinada a una figura afín a él. Lejos de intimidar, la amenaza fue recibida con indiferencia por los militantes, quienes recuerdan que Romero llegó a la dirigencia nacional con el respaldo de Coahuila, bajo el compromiso explícito de respetar la decisión de los estados en materia de alianzas. Promesa que hoy, acusan, quedó en el olvido.

El descontento ya se traduce en acciones concretas. Representantes del PAN ante el INE y el IEC, así como integrantes de al menos ocho distritos electorales y 16 comités municipales, analizan renunciar a sus cargos como una forma de exhibir que las decisiones no pueden tomarse desde un escritorio en la Ciudad de México, ignorando la realidad local. A esto se suma la advertencia de que los principales cuadros del partido han optado por no participar en la contienda, convencidos de que el escenario es de derrota anunciada.

En un intento tardío por contener el daño, la Comisión Permanente del PAN sesionó de manera virtual y extraordinaria para aprobar el método de selección de candidatos, un tema que debió resolverse desde el año pasado. Todo indica que el partido no estaba preparado para ir solo y que la ruptura de la alianza los tomó sin plan alterno.

Como si el golpe no fuera suficiente, panistas advierten que Jorge Romero también busca echar abajo la posible alianza del PAN con el PRI y Adrián de la Garza en Nuevo León, una jugada que tendrá efectos negativos para el PAN EN las elecciones de 2027. Para muchos, el patrón es claro: decisiones centralistas que debilitan al PAN en los estados y que, casualmente, solo terminan beneficiando a Morena.

Hoy, el PAN en Coahuila no se va en masa ni presenta renuncias formales, pero sí comienza a vaciarse desde dentro. La militancia se desmoviliza, los liderazgos se repliegan y la inconformidad se organiza. Si este es el rumbo que Jorge Romero Herrera pretende para Acción Nacional, la pregunta ya no es si el PAN perderá fuerza en Coahuila, sino si sobrevivirá al daño que su propia dirigencia nacional está provocando.

Jorge Romero ni siquiera conoce Coahuila. No ha caminado sus municipios, no ha escuchado a su militancia ni ha entendido la lógica política de un estado complejo que históricamente ha sido disputado, defendido y, durante años, saboreado por Morena como un territorio pendiente de conquistar. 

El dirigente nacional del PAN toma decisiones desde la lejanía, con desconocimiento del contexto local y sin medir las consecuencias. Para muchos panistas no es casualidad que, con esta cerrazón y negativa sistemática a las alianzas, Coahuila termine servido en charola de plata al partido guinda. Ya lo había intentado Marko Cortés; hoy la pregunta que corre entre las filas panistas es inevitable: ¿A cambio de qué Romero decidió sacrificar a uno de los pocos estados donde el PAN aún tenía voz y peso político?

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