sábado 5, abril, 2025

En el Tintero

Jessica Rosales

La IA: ¿Herramienta de progreso o arma de los delincuentes?

La reciente alerta emitida por la Diócesis de Saltillo sobre un fraude que utiliza voces generadas con Inteligencia Artificial (IA) para suplantar a sacerdotes y solicitar dinero de manera urgente, vuelve a encender la discusión sobre el papel de esta tecnología en nuestras vidas. ¿Estamos preparados para enfrentar los riesgos que trae consigo el avance acelerado de la IA?

Es innegable que la inteligencia artificial ha traído consigo innumerables beneficios: automatiza procesos complejos, permite el análisis de grandes volúmenes de datos y optimiza tareas que antes requerían mucho tiempo y recursos humanos. Además, facilita el acceso a la información de manera rápida y sencilla, y puede ser una herramienta valiosa para verificar datos falsos.

Otra de las ventajas de la Inteligencia Artificial es la facilidad para crear productos de entretenimiento e incluso contenidos periodísticos visualmente atractivos, sin necesidad de invertir grandes cantidades de dinero, especialmente en la contratación de personas que anteriormente realizaban el trabajo creativo. Sin embargo, esta misma capacidad tecnológica también se ha convertido en un arma poderosa en manos equivocadas.

En este caso, el uso de herramientas de clonación de voz con IA para suplantar a figuras religiosas con el fin de cometer fraudes es solo uno de los ejemplos más recientes y alarmantes. La facilidad con la que ahora los delincuentes pueden reproducir voces humanas con una precisión casi perfecta nos obliga a reflexionar: ¿Qué tan seguros estamos ante estos avances?

Aunque se han emitido recomendaciones y alertas, la realidad es que las autoridades siguen siendo rebasadas por la rapidez con la que estas tecnologías se popularizan y se perfeccionan. La delincuencia está aprovechando el acceso cada vez más fácil a herramientas de inteligencia artificial para estafar, intimidar o difamar, mientras que su regulación está pendiente.

Es fundamental que no solo se emitan advertencias, sino que también refuerce los marcos legales desde el ámbito federal para castigar el uso indebido de la IA, ya que el problema no se limita a una localidad. Se necesitan protocolos claros para identificar cuándo una voz ha sido clonada digitalmente y herramientas para que las víctimas puedan denunciar y comprobar estos delitos. No basta con advertir a la población; es necesario que los delincuentes sepan que el uso malicioso de estas tecnologías no quedará impune.

El primer paso debe ser reconocer que la IA llegó para quedarse y que su evolución será constante. Las autoridades deben  trabajar en conjunto con expertos en tecnología, derechos digitales y ciberseguridad para diseñar leyes que contemplen tanto el uso ético de la IA como las sanciones contundentes para su uso indebido.

Un enfoque integral debe incluir la tipificación de delitos específicos que incluyan el uso de IA para fraudes, suplantación de identidad y otros crímenes digitales.

Es necesaria y urgente una colaboración internacional, ya que la naturaleza digital de estos crímenes trasciende fronteras, lo que hace necesario compartir experiencias y estrategias de contención con otros países.

Necesitamos capacitarnos con expertos en herramientas de verificación que nos permitan comprobar rápidamente si hemos sido objeto de manipulación tecnológica.

La inteligencia artificial debe seguir siendo una herramienta al servicio de la humanidad, pero para lograrlo es necesario que las autoridades la regulen. No podemos quedarnos solo en la advertencia, mientras los delincuentes se apropian de herramientas que deberían ser sinónimo de progreso.

La tecnología seguirá avanzando, pero depende de nosotros que lo haga en beneficio de todos y no en perjuicio de la seguridad y la confianza de la sociedad. Es momento de actuar antes de que los casos de fraude, suplantación y otros delitos se conviertan en actos cotidianos que la población comience a normalizar.

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