sábado 28, marzo, 2026

Dogma de Fe 

Marcos Durán Flores

La herencia para mis hijos

La prensa estaba invitada, pero no asistió. Dos carteles pegados a cada lado de la entrada invitaban a entrar al “Le Grand Café” de París, en el número 14 del Boulevard des Capucines. En ese lugar, un 22 de marzo de 1895, se presentó el Cinematógrafo Lumière, la gran innovación de los hermanos Auguste y Louis Jean Lumière.

Ese día proyectaron “La Sortie de l’usine Lumière à Lyon”, o “La Salida de la Fábrica Lumière en Lyon”. Los 33 espectadores quedaron maravillados, entre ellos Georges Méliès, director de teatro francés y pionero del cine, y quien dijo que: “En este espectáculo, nos quedamos todos sin habla, aturdidos, sorprendidos más allá de la expresión”.

El cinematógrafo revolucionó al mundo y aunque es posterior a las artes que los griegos denominaron como tal –arquitectura, escultura, pintura, música, danza y literatura–, estoy seguro de que lo hubieran definido como el séptimo. El cine es ese espejo pintado al que hacía referencia el director de cine italiano Ettore Scola, un reflejo de la vida, una donde se llora y se ríe. Donde existen el amor y el desamor. La traición, el misterio, horror y el suspenso.

El cine es solo un reflejo de la vida, una donde se llora y se ríe. Donde existe el amor y el desamor, el misterio, horror y el suspenso. Una con acción, drama y ficción. Yo creo en el cine por los nuevos mundos a los que me aventura. El cine es arte y, si los griegos no lo denominaron como tal, fue porque el cine aún no existía.

La excusa perfecta, la experiencia inigualable de entrar a oscuras en un mundo desconocido. Soy cinéfilo aficionado y voy al cine tanto como puedo, pues ahí me evado dos horas de la maldita realidad. Cuando era niño, en mi casa solo había libros, música y el hábito de ir al cine. Mis hijos no creen que, en el otoño de 1977, me le escape a mi madre para ver en el cine Diana, de Monclova, el estreno de “La Guerra de las Galaxias”, yo tenía 6 años. En ese mismo cine pude ver todos los clásicos setenteros: “Vaselina”, “Fiebre de Sábado por la Noche”, “El Chacal”, “Serpico”, “Terremoto”, “Tiburón”, “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”, “Rocky”, “Superman”, “La Profecía”, “El Exorcista” y “El Resplandor”.

Junto a mi madre vi “Nuestros años felices”, la historia de una relación con diferencias fundamentales: ella judía y activista a favor de las libertades políticas y el marxismo, y él nacido en medio de los privilegios de la alta sociedad norteamericana. También la acompañé a ver “El Padrino” y “Kramer vs. Kramer”, un matrimonio que hace hasta lo imposible por destrozarse y lo logra. A temprana edad vi las cuatro horas de “Lo que el viento se llevó”, y aún retumba en mis oídos la frase: “Al fin y al cabo, mañana será otro día”. 

Muy niño conocí a Buñuel por “Los Olvidados” y “Robinson Crusoe”. De otros directores me impresionaron “Canoa”, “Actas de Marusia”, “Los hermanos del Hierro”; “El gallo de oro”, con guion de García Márquez y Carlos Fuentes, “Macario”, inspirada en un cuento de los hermanos Grimm, y “Pedro Páramo” de Rulfo, pero adaptada al cine también por Carlos Fuentes.

Ya en Saltillo conocí a “Gandhi”, “Amadeus” y supe de la historia de “El Último Emperador”, la soberbia producción de Bertolucci. Lloré al ver “Los Puentes de Madison” con Robert Kincaid diciendo a Francesca Johnson: “No quiero necesitarte, porque no puedo tenerte”, y aún me pongo triste con Alfredo, Toto y una hermosa chica que rompe su corazón.

Me estremecí de nuevo con Streisand pero ahora con Nick Nolte, en “El príncipe de las mareas”, la historia de un hombre con el alma herida por haber sufrido una infancia dolorosa. Pero fue con “Casablanca” que pude comprender que existen amores imposibles como el de Rick Blaine e Ilsa Lund, un amor que se sacrifica por un propósito superior: la gran causa de derrotar a los nazis.

No soy un hombre de apegos y colecciono solo dos cosas: recuerdos y las cintas ganadoras del Óscar a la Mejor Película, todas en versión Blu-ray. Ausentes en esta lista porque no han sido editadas en alta definición no están “La vuelta al mundo en ochenta días”, “La vida de Émile Zola”, “El buen pastor”, “El Gran Ziegfeld” y “Cimarrón”. Tengo las películas ganadoras, 92 años de magnífico cine, y serán la herencia para mis hijos. Corresponderá a ellos terminar la colección, seguir soñando y verse reflejados en el espejo del cine.

@marcosduranfl

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