viernes 29, agosto, 2025

DISCUSIONES O DIÁLOGOS EN LA ALTERIDAD POLÍTICA

Luis Alberto Vázquez Álvarez

Dos términos que aparentemente tienen mucho en común y, sin embargo, chocan en la visión filosófica; sin embargo, algo los une: su intimidad al ser humano dentro de una estructura social, llámese estado, espíritu del pueblo, instituciones justas, comunidad… y que cada uno posee valor para sí y para el otro.

El nombre de esta columna, en si contradictorio; husmea la actuación de dos o más grupos políticos que, en la mayoría de los casos, viven alejados de la realidad social; se encuentran muy cercanos en su visión del poder, pero muy lejanos del ciudadano, del mundo o de los valores que, finalmente, son la base de los derechos humanos.

“Discusión” el diccionario de la lengua española la describe como: “Escrito o conversación donde se enfrentan y se defienden opiniones contrarias”; “Estudio de una cuestión determinada desde diferentes puntos de vista”; “Objeción, oposición a lo que alguien hace o dice” y “Análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o posibles”

“Diálogo” en el estilo platónico: -se reúnen varios amigos y entablan una conversación relativa a un tema de importancia filosófica o política: (conocimiento, bien, virtud, amor, belleza, ser… en lo individual o en lo social). En todos los diálogos participan criterios diferentes, pero todos van en búsqueda de una sola verdad, consígase o no ésta, lo que siempre se logra es el conocimiento.

Bajo esos argumentos, Platón en “Teetetes o de la ciencia”: insta a que todo diálogo lleve al pensar para conocer.

  • Teetetes- ¿Sócrates, ¿Qué entiendes por pensar?
  • Sócrates- Un discurso en que el alma se dirige a sí misma sobre los objetos que considera. Me explico: es como un hombre que no sabe muy bien aquello de que habla, pero cuya alma, cuando piensa, no hace otra cosa que conversar consigo misma, interrogando y respondiendo, afirmando y negando, y que cuando se ha resuelto, sea más o menos pronto y ha dicho su pensamiento sobre un objeto sin permanecer más en duda, en esto consiste el juicio. Así pues, juzgar, en mi concepto, es hablar, y la opinión es un discurso pronunciado, no a otro, sino en silencio y a sí mismo.

La propuesta presidencial de reforma electoral, ha levantado vientos huracanados, lo mismo de quienes creemos que es indispensable, como de la oposición que siente que con ello va a perder más de lo que ya no posee: poder político que conlleva al económico; están además desquiciados aquellos que endeudaron al país y a los estados enriqueciéndose ellos, como a los que estuvieron en organismos “autónomos” que recibían miles de millones de pesos del erario y órdenes de quien les enviaba lo mismo “recursos” que “encargos” y ahora, ya desaparecida esa capacidad, intentan por cualquier medio regresar a lucrar con los recursos nacionales.

En busca de la alteridad política, se propuso la creación de una comisión nacional ciudadana que dialogara en un debate público las bondades de propuestas en beneficio de la democracia tan defendida en las palabras y tan vilipendiada en los hechos por los conservadores prianistas y sus abyectos columnistas, auténticos hampones disfrazados de “intelectuales”, en realidad codiciosos de prebendas al igual que los medios de comunicación tradicionales que desde el próximo lunes verán perdidos más “beneficios publicitarios” al debutar el nuevo poder judicial. De inmediato saltaron al ruedo dialógico sufragante aquellos que cuando estuvieron en privilegiados encargos se dedicaron a denostar a lo que no eran de su línea política, como el expresidente racista del IFE/INE que, tras “reelegirse democráticamente” en el cargo, se burlo de indígenas y mantiene poder subterráneo aún. Esos no podrían dialogar porque carecen de calidad moral para ofrecer propuestas.

El espectáculo que presenciamos recientemente en el congreso nos lleva a considerar que los intereses y en especial la desesperación de los tradicionalistas trae aparejada la violencia antes que el interés por la nación, pueblo, república o como quiera llamarse a esta comunidad, capaces hasta de sabotear obras y personas.

Una auténtica alteridad dialógica en la reforma electoral exigirá académicos, intelectuales no orgánicos y líderes sociales no alineados para alcanzar la norma justa que tanto necesitamos.

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