Héctor Reyes
Una llamada de atención para todos
Lo ocurrido este jueves en Torreón debe dolernos, pero también obligarnos a reflexionar.
La violencia volvió a entrar a una escuela. De acuerdo con la información preliminar de las autoridades, dos jóvenes, hermanos y exalumnos de una secundaria del ejido La Unión, habrían ingresado al plantel y atacado con armas blancas a integrantes de la comunidad escolar. La subdirectora perdió la vida y otras personas resultaron lesionadas.
Las investigaciones deberán determinar exactamente qué ocurrió y, sobre todo, las motivaciones. Por ello, sería irresponsable diagnosticar a distancia a los responsables o asegurar que un problema de salud mental provocó la agresión.
Pero sí podemos —y debemos— hablar de nuestros jóvenes.
Porque Torreón no es el único episodio que obliga a encender las alertas.
Apenas un día antes, un estudiante de 13 años atacó con armas blancas a varias personas en una secundaria de Querétaro. En mayo, en Huimanguillo, Tabasco, otro alumno agredió con un arma blanca a un maestro. En marzo, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, un adolescente fue detenido después del asesinato de dos maestras dentro de una preparatoria.
Y Torreón conserva todavía la dolorosa memoria del Colegio Cervantes, donde en enero de 2020 un niño de 11 años disparó contra maestros y compañeros, asesinó a una profesora y posteriormente se quitó la vida.
¿Significa esto que estamos frente a una generación violenta?
Por supuesto que no.
Millones de jóvenes mexicanos estudian, trabajan, hacen deporte, conviven y construyen diariamente su futuro sin recurrir a la violencia.
Incluso lo sucedido ahora en Torreón podría terminar siendo, por sus circunstancias y motivaciones, un hecho aislado. Pero considerarlo aislado no significa minimizarlo.
Al contrario: debe convertirse en una llamada de atención.
¿Estamos escuchando a nuestros jóvenes?
La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con algún trastorno mental. En México, datos retomados por la Estrategia Nacional de Atención a la Salud Mental para las y los Jóvenes señalan que 10 por ciento de los adolescentes de 12 a 17 años presenta malestar psicológico y 3.3 por ciento reportó ideación suicida.
Estos datos no significan que quienes atraviesan problemas emocionales sean violentos. La enorme mayoría no lo es.
Lo que sí nos dicen es que debemos prestar mayor atención a lo que están viviendo nuestros jóvenes.
Quizá necesitamos volver a algo tan sencillo como sentarnos con nuestros hijos y preguntarles cómo están, pero escuchando realmente la respuesta.
Conocer a sus amigos. Saber qué consumen durante horas en internet. Acercarnos a sus maestros. No normalizar amenazas concretas, referencias reiteradas a hacer daño, aislamiento extremo o cambios abruptos de comportamiento y, cuando existan señales preocupantes, buscar ayuda profesional.
Y ojo, no podemos cargar toda la responsabilidad a las escuelas.
Familia, autoridades, maestros, especialistas, medios de comunicación y sociedad tenemos una parte de esta tarea.
Lo ocurrido en este Jueves no debe servir para etiquetar a nuestros jóvenes ni para sembrar miedo.
Debe servir para mirarlos, escucharlos, acompañarlos y establecer límites.
Hoy una familia perdió a un ser querido y una comunidad educativa quedó profundamente lastimada.
La peor respuesta sería conmovernos unas horas, compartir las imágenes en redes sociales y mañana continuar como si nada hubiera sucedido.
Lo que sí podemos construir es una sociedad más atenta, capaz de detectar señales, escuchar una petición de ayuda y actuar antes de que sea demasiado tarde.
Porque atender la salud emocional de nuestros jóvenes no significa justificar la violencia.
Significa trabajar, entre todos, para prevenirla.
Buen fin de semana, la frase: Jamás te olvides de sonreír. Ánimo.
X:_hreyes








