viernes 27, febrero, 2026

DESDE MI ESCRITORIO

México vive días claves

Héctor Reyes

El país vive horas decisivas. En un mismo fin de semana, la agenda nacional quedó marcada por dos acontecimientos que, aunque distintos en naturaleza, comparten un mismo trasfondo: el pulso por el control del Estado y el rumbo de sus instituciones.

Por un lado, la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, alias el “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, desató una ola de violencia en distintas regiones del país. Por el otro, la presentación de la reforma electoral abrió un nuevo frente político que promete polarización, debate y redefinición de las reglas del juego democrático.

La detención del capo, considerado uno de los hombres más buscados por las autoridades mexicanas y estadounidenses, no ocurrió en el vacío. Como ha sucedido en episodios anteriores de alto impacto, la reacción criminal fue inmediata: bloqueos carreteros, quema de vehículos, enfrentamientos armados y una estela de muertos que recordó la capacidad de fuego y movilización territorial del crimen organizado. Las escenas vividas el domingo pasado evidenciaron que, aún con golpes quirúrgicos a las cúpulas, la estructura operativa de los grupos delictivos permanece activa y con poder de intimidación.

La narrativa oficial subraya el éxito estratégico de la captura. Sin embargo, la pregunta de fondo es si México está preparado para contener las réplicas. La historia reciente demuestra que la caída de un líder no implica necesariamente el desmantelamiento de la organización. En ocasiones, incluso detona disputas internas, reacomodos violentos y luchas por el control de plazas. La seguridad pública vuelve así al centro de la conversación nacional, no solo como un tema de fuerza, sino de inteligencia, prevención y reconstrucción institucional.

En paralelo, la reforma electoral presentada esta semana amenaza con convertirse en el eje dominante del debate legislativo. Los cambios propuestos -que abarcan desde la integración de órganos electorales hasta ajustes en los mecanismos de representación y financiamiento- no son menores. Se trata de modificaciones estructurales que impactan directamente la arquitectura democrática construida durante décadas.

La discusión no será técnica, sino profundamente política.

Sus promotores argumentan que la reforma busca eficiencia, austeridad y mayor representatividad.

Sus detractores advierten riesgos de debilitamiento institucional y concentración de poder. Lo cierto es que, en un contexto de alta tensión por la violencia, la deliberación sobre las reglas electorales exige serenidad, apertura y diálogo plural.

México enfrenta, así, una doble prueba. En el terreno de la seguridad, demostrar que el Estado no solo puede capturar a los grandes objetivos, sino garantizar estabilidad posterior y protección efectiva a la ciudadanía y más con el mundial de futbol a la vuelta de la esquina. En el ámbito político, probar que las reformas trascendentales pueden discutirse sin que el país se fracture aún más.

La historia juzgará no sólo la captura de un capo, sino la respuesta integral del Estado frente a sus consecuencias. Y también evaluará si, en medio de la turbulencia, se optó por fortalecer o debilitar los contrapesos democráticos.

Hoy más que nunca, México necesita firmeza con responsabilidad y reforma con consenso.

Buen fin de semana, la frase: “Nunca te alejes de los amigos que no tienen pelos en la lengua, siempre se necesita de alguien que te diga la verdad”.

 ¡Ánimo!

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