Francisco Javier López Álvarez
Del desarrollo inmobiliario
El sector inmobiliario es una industria de confianza y de cuidar el patrimonio de las familias. Mucho más allá de concreto, bloques y ladrillos, en un mercado tan dinámico como el de hoy los clientes tienen todo el derecho a saber cómo exigir la seriedad del desarrollador. De eso hablamos hoy.
Para los asesores profesionales la debida diligencia es la herramienta que separa una inversión segura de un riesgo que nadie necesita correr y el tamaño de la labor es exhaustiva para cumplir con la ley y más allá, tal como está demostrado que es la única forma de subsistir en la industria.
Los mejores proyectos se construyen sobre pilares claros, desde lo legal hasta lo humano, por eso comparto estos puntos esenciales presentes en mi labor diaria:
Todo comienza con la legitimidad legal. Un desarrollador serio muestra la titularidad del inmueble con total transparencia. Huele bien que tenga el título de propiedad inscrito correctamente en el Registro Público de la Propiedad y pruebe tener las facultades legales para vender. Escrituras, boletas prediales al corriente y Certificados de Libertad de Gravamen son documentos que deben estar a la mano. Sin este cimiento sólido, por más chulo que se vea el proyecto no hay seguridad real para nadie.
Luego viene el blindaje del consumidor. Hoy en día un desarrollador profesional cumple con la NOM-247 y usa contratos de adhesión registrados ante PROFECO para las casas habitación, locales, departamentos, lotes y fracciones alícuotas que se promocionan en venta.
Estos contratos protegen al comprador, equilibran las obligaciones y respetan la Carta de Derechos del Consumidor.
La parte técnica no se negocia. Un buen desarrollador no vende renders bonitos, sino realidades y no le ayudo a comercializar a nadie sin esto también. Es crítico pedir licencias de construcción, permisos de uso de suelo, autorizaciones ambientales y, muy importante en preventa, el proyecto ejecutivo completo, la maqueta y hasta el inmueble muestra. Ver los planos estructurales o un dictamen técnico da la tranquilidad de que se ofrece algo sólido al cliente y eso vale.
No pasamos por alto la transparencia fiscal y económica. Un desarrollador opera con RFC vigente, explica claramente los impuestos que aplican (IVA, ISR, etc.) y desglosa el precio total: cuánto cuesta realmente la propiedad, los gastos de escrituración, avalúos y comisiones, penalizaciones por reventa o cancelación de oferta de compra. La Constancia de Situación Fiscal actualizada es indispensable para poder cerrar ante notario con total confianza.
Debo contarles que la relación no termina cuando se firma la escritura. Un desarrollador confiable cumple con las garantías que marca la ley: cinco años en temas estructurales, tres en impermeabilización y uno en los demás elementos. Tiene canales reales de atención post venta y entrega el inmueble con un acta de entrega-recepción detallada que coincide exactamente con lo prometido. De hecho eso parte del trabajo del agente profesional.
En estos tiempos la seguridad de la información también habla del nivel del desarrollador. Cumplir con la Ley Federal de Protección de Datos Personales no es opcional. Un buen proveedor entrega su Aviso de Privacidad desde el primer contacto y respeta los derechos de Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición (ARCO) de sus clientes. Eso refleja orden y respeto.
El factor humano siempre es lo más importante: la amabilidad, la honestidad, el orden y la responsabilidad no son palabras bonitas sino el estándar de quien construye así una reputación que perdura y con quien personalmente me involucro. Con los que no, pues no.
Como agente inmobiliario mi misión es ser ese guardián de confianza entre el comprador y el vendedor; pero sólo soy intermediario. Muchos piensan que debo educar a los clientes para que sepan qué preguntar y qué documentos exigir para ir todos bien protegidos y con eso elevar el nivel de toda la industria. Yo también lo creo.
El verdadero activo de un desarrollo inmobiliario serio no únicamente es la tierra ni los metros construidos, la ubicación, amenidades y todo lo que incluya: es la reputación y la paz que le deja a las familias que confían. Mi labor es que la jugada del pintarrón salga tal y como está planeado y ensayado y al final nos vaya bien a los desarrolladores, los compradores y los intermediarios. ¿Eso cómo se mide? Se fincan relaciones sólidas fundadas en la integridad.
Gusto en saludarte. Ahí está el cel:
6677357622








