Albeto Boardman
Una historia insólita de la neurología
“Soy un cerebro, Watson. El resto de mí, es un mero apéndice». Arthur Conan Doyle
Una de las mejores formas de comprender la ciencia médica es a través de historias
extraordinarias para accesar de manera ordinaria a lo técnico de su lenguaje. Y es
precisamente lo que Sam Kean, periodista especializado en divulgación científica nos
ofrece en su libro: “Una Historia Insólita de la Neurología, casos reales de trauma, locura
y recuperación”, editorial Ariel, traducido para México en 2018.
¿Dónde termina el cerebro y dónde empieza la mente? ¿Qué son la memoria declarativa
y la procedimental? Sabía usted, por ejemplo, que los bebés desarrollan primero su
memoria procedimental lo que les permite caminar y hablar, siendo que la memoria
declarativa se desarrolla posteriormente, por lo que resulta más difícil tener recuerdos de
la infancia. Sabemos que vemos, pero como dice Kean: “no nos preocupamos por
distinguir entre ver un automóvil (corteza visual primaria), reconocer un automóvil
(corriente qué) y localizar un automóvil en el espacio (corriente cómo/dónde).
Simplemente vemos.
Aunado a lo anterior, históricamente hasta hace muy poco tiempo existían contadas
formas de estudiar el cerebro humano, básicamente, había que esperar que alguna
enfermedad o accidente provocase un daño y permitiera entonces, analizar además de la
afectación física, el derivado comportamiento psicológico de la víctima, pues con
frecuencia un daño en un área cerebral puede desencadenar conductas que van desde
la frecuente pérdida de la memoria a patologías psicológicas violentas o compulsivas, en
resumen, una alteración a la personalidad.
Una lectura ampliamente recomendable que, a través de relatos protagonizados por
reyes, caníbales y exploradores, hicieron posible que la ciencia pudiera abordar el
funcionamiento del cerebro desde los circuitos neuronales a las ilusiones, sueños,
estructuras complejas del lenguaje y la memoria, incluso, a los misterios de la conciencia
que desfilan por los secretos pasadizos que Kean aborda de manera clara y amena,
pues como bien dice el autor: «La mejor manera de que nuestro cerebro recuerde la
información es en forma de cuento».
Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.