A propósito del predial “perrón”
Rubén Cárdenas
La implementación de nuevos y crecientes impuestos, a propósito de lo que hoy ocurre en Durango con el llamado Predial Perrón, es una práctica recurrente en nuestro país desde hace siglos, aunque eso no disculpa los aumentos desbordados ni menos injustificados.
Hay casos que, por su magnitud y trascendencia en el tiempo, hasta hoy son razón de enojo social. Por ejemplo, en 1953 y dos años después, el presidente Antonio López de Santa Ana cobró impuestos por las puertas, ventanas, balcones de las casas y también por tener perros, caballos y carros.
Tan impulsivo fue el decreto presidencial emitido para forzar a los ciudadanos a tan inusuales cobros de impuestos, que finalmente fue abolido al concluir el año de 1855, porque ni en esa época se podía sostener algo tan absurdo.
Otro gravamen de carácter histórico en México fue el surgimiento del “impuesto a la tenencia”, durante el gobierno de Adolfo López Mateos, en 1962, como una medida temporal para financiar la inversión en infraestructura vial, en teoría.
La verdad es que esto popularmente se asoció con el financiamiento necesario para la celebración de los Juegos Olímpicos de 1968 y del Mundial de Futbol, en 1970, o sea, para construir un majestuoso estadio que llevaría por nombre el Azteca.
Entró en vigor el uno de enero de 1963 y desde entonces los gobiernos estatales se sintieron con el derecho de cobrar anualmente este impuesto, que no tenía mucha lógica, a los propietarios de vehículos.
Claro que oficialmente se negó que la puesta en marcha de esa disposición fiscal fuera parte de una estrategia para financiar las obras deportivas requeridas, una vez que México fue designado como sede de la fiesta deportiva mundial de 1988, pero los hechos demostraron que esa recaudación no representó una inversión directa a la creación de infraestructura vial en el país.
Por el contrario, se construyeron recintos deportivos para el desarrollo del olimpisimo y del estadio Azteca, que por cierto, ya renovado, este año cobijará la inauguración del Mundial de Futbol 2026, como en 1970 y 1986; de hecho, único estadio en el mundo con esa marca.
Y si resultó polémico el origen del Azteca, porque el gobierno federal de ese tiempo negó que hubiera sido edificado con la recaudación de la tenencia, la administración del inmueble no dio paso a la protesta, a pesar de que la principal televisora del país administró el inmueble hasta hace dos años, cuando inició la remodelación.
Como se observa, la falta de claridad por la imposición de nuevos impuestos siempre deja mal paradas a las autoridades que los dictan, tal como sucede en estos días en Durango, donde el cobro por predial aumentó en forma exorbitante, junto con otros impuestos municipales y sanciones varias.
Al final, el pueblo siempre acaba salvando el mal manejo económico de los gobiernos, causado en su mayor parte por la corrupción y los errores dolosos en perjuicio de una sociedad a la que ni su opinión le preguntaron.
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