Que no los vean
Julián Parra Ibarra
En los últimos días de diciembre de 2022, aprovechando que la gente estaba metida en las fiestas navideñas y de fin de año, el gobierno del presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, publicó en el Diario Oficial de la Federación, un decreto que modificaba la Ley General de Comunicación Social, mediante la cual se reducía prácticamente a nada el presupuesto aprobado por la ley para que los entes públicos publicitaran sus actividades, programas y proyectos.
De acuerdo con la ley, los tres niveles de gobierno, los poderes federal y estatales, alcaldías y universidades, pueden disponer de un 3 por ciento del total de su presupuesto general aprobado para difundir sus actividades, obras y programas. Esa cantidad se modificó sensiblemente de acuerdo con ese decreto que entraría en vigor el 1 de enero de 2023, al reducir a 0.5 por ciento el presupuesto destinado a Comunicación Social.
Con esa medida, todos los entes públicos se quedaban con las manos atadas sin posibilidad de invertir en ese rubro. El objetivo final, sin embargo, era prácticamente eliminar a la mayoría de los medios de comunicación, cerrar los espacios y apagar las voces críticas, para que solamente quedaran vigentes los aplaudidores del gobierno en turno.
Con ese medio punto porcentual, los gobiernos tendrían un nulo margen de maniobra para mantener los convenios publicitarios con los medios de comunicación, y éstos verían sensiblemente disminuidos sus ingresos para sostener las estructuras laborales, sobre todo los medios pequeños y medianos. Los que podían sobrevivir serían los llamados ‘grandes’, pero ya con la bota en el pescuezo si mantenían posiciones críticas hacia el gobierno.
Para el Gobierno Federal no significaba mayor problema, porque el 3 por ciento de su presupuesto total aprobado para el año 2023 fue de 8.3 billones de pesos, le resultaba más que suficiente para ejercerlo discrecionalmente a los medios ‘amigos’, además de contar con el espacio diario de La Mañanera, el más visto del país, con repeticiones en muchísimos canales de televisión, estaciones de radio y miles de plataformas en todo el país.
Luego de una lluvia de amparos de gobiernos estatales, alcaldías congresos locales, universidades, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró en mayo de 2023 inválidas las modificaciones a la Ley General de Comunicación Social por violar reglas constitucionales y no garantizar equidad ni transparencia. Sin embargo ‘en calidad de mientras’ durante cinco meses los entes públicos no pudieron ejercer presupuesto alguno en materia de comunicación social, y muchos pequeños medios tuvieron que apagar la luz y bajar la cortina.
Aquel intento de aplastar y desaparecer a la mayoría de los medios del país no prospero, pero hoy viene una nueva embestida para tener desde el gobierno un control sobre los medios de comunicación, escudados en los Lineamientos Generales sobre Derechos de las Audiencias.
Como en muchas otras áreas, el gobierno quiere ser juez y parte, y erguirse como el gran censor al decidir lo que le gente puede o no puede ver, escuchar o leer; quiere decidir por las personas a quien pueden ver, escuchar o leer para que le informe lo que está sucediendo en México y el mundo, aunque lo que quieren es controlar la información doméstica.
¿A usted le agradaría eso, que alguien del gobierno venga a decirle que información puede recibir y cuál no, que medio pueda ver, escuchar o leer, y quiénes deben ser los conductores y analistas que usted pueda y deba ver y a quiénes no?
Cuando le cuestionaron a la presidente que muchos pedían que entre los espacios a fiscalizar con estos lineamentos también se incluyera a la mañanera su respuesta fue contundente: Al que no le guste la mañanera, que no la vea.
Oiga presidenta ¿y por qué no aplica ese mismo criterio con los medios a los que pretende controlar? ¿por qué no deja que la gente elija a quien quiere ver y a quién no? Que sea como usted dice, que al que no le guste un noticiero de televisión, de radio o lo que publican los diarios, simplemente que no los vea, oiga o lea.
Esa es la mejor forma de las audiencias de ejercer su derecho. Si no me gusta lo que estoy viendo en la pantalla, yo tengo el control en mi mano y puedo cambiarle las veces que quiera; si no me gusta lo que escucho, el cuadrante es muy amplio y puedo dejar de oír a quien no me agrade; y todavía más, no vuelvo a leer el medio que publique lo que no me gusta. Así de simple.
Pero el asunto en realidad no es que las audiencias ejerzan su derecho, la intención es acallar a los medios, silenciarlos, controlarlos.
Segunda intentona cuatrotera.
X= @JulianParraIba







