viernes 2, octubre, 2026

EN EL TINTERO

Jessica Rosales

Que regrese, pero a trabajar

Recuperar una curul no borra las ausencias ni demuestra que un diputado haya cumplido con su trabajo. Esa es la primera aclaración frente al regreso de Antonio Flores Guerra al Congreso de Coahuila: la resolución del Tribunal Electoral tiene un alcance concreto y no puede venderse como un reconocimiento a su desempeño.

Sí, puedes sostener esa lectura como opinión. La clave es distinguir tu interpretación de lo que expresamente resolvió el Tribunal. Puedes decirlo así:

La Sala Superior sólo corrigió la duración de la suplencia de Fernando Rodríguez y determinó que podía mantenerse durante el receso de julio y agosto, pero debía concluir al comenzar el siguiente periodo ordinario, en septiembre. El propio Tribunal aclaró que no resolvió si las inasistencias del propietario estaban justificadas. Eso deja intacto el cuestionamiento de fondo: el diputado faltó y su ausencia tuvo consecuencias. Que ahora pueda regresar no convierte el castigo en una injusticia ni su desempeño en ejemplar. Lo que corrigió el Tribunal fue el tiempo de la sustitución, no el historial de trabajo del legislador.

La diferencia importa. Una cosa es tener derecho a regresar y otra haber cumplido con la responsabilidad de asistir, participar y representar a los ciudadanos. La discusión sobre cuándo terminaba la suplencia no elimina la exigencia de rendir cuentas por las ausencias que originaron este conflicto.

La disputa entre Flores y Rodríguez por la curul se convirtió en un enfrentamiento de acusaciones y descalificaciones. Mientras el propietario reclamaba su regreso, el suplente denunciaba presuntas gestiones de Ricardo Mejía Berdeja ante el magistrado ponente, Felipe Alfredo Fuentes Barrera, para favorecerlo. Así, el pleito rebasó la interpretación de la ley y colocó bajo sospecha la manera en que se resolvería. 

En ese escenario, Flores anticipó públicamente un fallo favorable cuando la Sala Superior todavía no discutía ni votaba el asunto. Presentar como decidido lo que seguía pendiente fue una irresponsabilidad política: sembró la impresión de que conocía de antemano el desenlace. Sumado a los intentos de injerencia denunciados por Rodríguez, ese comportamiento dejó dudas sobre la imparcialidad del Tribunal.

Nada de eso acredita que las magistraturas negociaran la sentencia ni permite atribuirles una actuación indebida, pero entre la certeza anticipada de uno y los señalamientos contra el otro, terminaron poniendo en entredicho a la misma institución cuya decisión ahora les favorece.

Ahora, si el diputado regresa, que regrese a trabajar. Una curul exige atención a los debates, estudio de las propuestas y resultados. Hablar por teléfono o hacer transmisiones en vivo no puede sustituir esas obligaciones. Comunicar el trabajo legislativo tiene sentido; convertir la sesión en escenario personal, muy poco.

El Congreso debería revisar si su Ley Orgánica establece reglas suficientes para garantizar ese cumplimiento: asistencia efectiva, orden durante las sesiones y consecuencias claras ante amenazas, agresiones o llamados a la violencia.

La ciudadanía no tendría por qué conformarse con saber quién ganó la disputa por una silla. Tiene derecho a exigir que quien la ocupe cumpla con su responsabilidad.

La curul se recupera mediante una resolución. La confianza se recupera trabajando.

Compartir en: