Simón Vargas Aguilar
Quinta convención binacional México-Estados Unidos
La Quinta Convención puede producir acuerdos, inversiones y titulares, pero además vale la pena puntualizar que todas nuestras acciones deben ponerse al servicio de nuestro prójimo.
El miércoles 23 de septiembre de 2026, en el hotel Camino Real de Polanco, la Quinta Convención Binacional México–Estados Unidos de The American Society of Mexico no fue únicamente un ejercicio de agenda, además de gobernadores, diplomáticos, presidentes de organismos empresariales y especialistas en inteligencia artificial y energía, también estuvo presente Monseñor Francisco Javier Acero Pérez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, quien acudió con la representación del Cardenal Carlos Aguiar Retes.
Monseñor Acero agradeció a The American Society of Mexico la invitación y situó el diálogo binacional donde debe estar, en las personas que cruzan la frontera de tres mil kilómetros no solo como mercancía o flujo migratorio, sino como historia compartida. México y Estados Unidos, dijo, comparten comunidades, empresas, trabajo, cultura y proyectos de vida, lo que ocurre de un lado repercute en el otro.
La Convención reunió a representantes y a decenas de voces influyentes como el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, presidente honorario de AmSoc; Larry Rubin, presidente de la organización; liderazgos empresariales, gobernadores de entidades clave para la inversión.
Monseñor Acero citó la primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, dedicada a custodiar a la persona en la era de la inteligencia artificial: “En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”.
Hoy los empresarios son más importantes que nunca porque son actores de consecuencias, son quienes generan empleos dignos, quienes desarrollan tecnología midiendo su impacto humano, quienes invierten sin pactar con la ilegalidad, quienes se sientan a la mesa con quien piensa distinto; están ayudando a la sociedad. El bien común, dijo el obispo, comienza cuando dejamos de preguntarnos solo en qué nos beneficia y pensamos también qué consecuencias tienen nuestras decisiones en la vida de los demás.
Incluso lo ha mencionado el Papa León XIV quien habla de una “paz desarmada y desarmante”, una paz que no nace de imponerse, sino de reconocer al otro. México y Estados Unidos la necesitan, por eso no fue menor que Monseñor Acero invitara a ponerse de pie y rezar la Oración por la Paz de la Conferencia del Episcopado Mexicano: una súplica por una patria dañada, por quienes sufren, por acierto en quienes gobiernan y por conversión de quienes provocan sufrimiento y muerte.
La Iglesia no sustituye a ninguna institución, pero cuando un obispo habla en nombre del arzobispo primado ante la comunidad empresarial binacional, está diciendo que la economía sin ética produce riqueza para unos y miedo para muchos; que la seguridad sin justicia es solo contención; y que la tecnología sin humanidad es una forma nueva de descarte. La Quinta Convención puede producir acuerdos, inversiones y titulares, pero además vale la pena puntualizar que todas nuestras acciones deben ponerse al servicio de nuestro prójimo.
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