martes 29, septiembre, 2026

DOGMA DE FE

Marcos Durán Flores

Corazón partío

Hay enfermedades que llegan de repente y hay otras a las que les damos de comer durante años. Las enfermedades del corazón pertenecen a la segunda categoría.

Cada 29 de septiembre se celebra el Día Mundial del Corazón. Una fecha que debería servir para algo más que llenar las redes sociales de corazones rojos, frases bonitas y recomendaciones que olvidaremos al día siguiente.

Porque mientras hablamos del corazón, México sigue perdiendo miles de vidas por enfermedades cardiovasculares. Durante 2024 murieron en nuestro país 192 mil 518 personas por enfermedades del corazón. Fueron la principal causa de muerte en México. Casi 193 mil personas en un solo año. Casi 528 cada día. Más de 22 cada hora.

Detengámonos un momento en esa cifra. No son solamente números. Son padres que no volvieron a casa, madres que dejaron hijos, esposos que dejaron viudas, abuelos que ya no volvieron a sentarse a la mesa y amigos cuya silla quedó vacía. Y todavía tenemos la costumbre de llamar a muchas de estas muertes “inesperadas”.

¿De verdad son inesperadas? En México, 29.1 % de los adultos tiene hipertensión arterial y 40.5 % de quienes la padecen no saben que la tienen. Es decir, una parte enorme de la población puede sentirse perfectamente bien mientras su organismo trabaja bajo una presión que, silenciosamente, va dañando sus arterias y su corazón.

El problema es que la hipertensión no duele. Y como no duele, la ignoramos. También ignoramos el sobrepeso, el colesterol, el sedentarismo, el tabaquismo y una alimentación cargada de azúcar, sal y grasas. Nos hemos acostumbrado a vivir con hábitos que sabemos que no son saludables, pero seguimos justificándolos con una frase que puede terminar siendo fatal: “De algo tenemos que morir”.

Sí. Todos vamos a morir. Pero una cosa es aceptar que somos mortales y otra muy diferente es comportarnos como si nuestra salud no importara.

En 2024, además, 112 mil 577 personas murieron por diabetes, la segunda causa de muerte en el país. Muchas veces hablamos de la diabetes y las enfermedades del corazón como si fueran problemas completamente separados. No lo son. Comparten numerosos factores de riesgo y pueden avanzar durante años antes de producir una tragedia.

Lo más absurdo es que muchas de las herramientas para detectar estos problemas están al alcance de casi cualquiera. Tomarse la presión, revisar el azúcar en la sangre y el colesterol, caminar, hacer ejercicio, comer mejor, dejar de fumar y dormir adecuadamente.

No parecen hazañas extraordinarias. Pero preferimos esperar a que el cuerpo grite para empezar a escucharlo. Ahí está una de nuestras grandes contradicciones.

Gastamos dinero en todo aquello que nos proporciona placer inmediato y después dudamos cuando se trata de gastar tiempo y recursos en nuestra propia salud. Podemos pasar horas viendo televisión, mirando el teléfono o navegando en las redes sociales, pero decimos que no tenemos tiempo para caminar treinta minutos.

Podemos hacer una fila interminable para comprar comida que sabemos que no necesitamos, pero nos da miedo subirnos a una báscula. Podemos pasar años sin medirnos la presión arterial y, cuando finalmente aparece un problema, preguntamos por qué nadie nos avisó.

El cuerpo sí lo hizo, pero no quisimos escucharlo. El Día Mundial del Corazón debería ser menos una celebración y más una bofetada de realidad. Porque no estamos hablando solo de personas de edad avanzada, sino también de personas en edad productiva, de gente que todavía tiene hijos pequeños, proyectos pendientes, deudas por pagar, viajes por hacer y muchos años que vivir.

Y quizá lo más triste es que algunas de esas muertes podrían evitarse o retrasarse mediante la prevención, el diagnóstico oportuno y cambios en los factores de riesgo. No todo depende de nosotros, por supuesto. Existen factores genéticos, enfermedades y circunstancias que nadie puede controlar. Pero tampoco podemos utilizar la excepción como excusa para ignorar aquello que sí podemos cambiar.

El corazón trabaja sin pedir vacaciones, sin cobrar salario y sin quejarse. Late cuando estamos felices, cuando estamos enojados, cuando dormimos, cuando lo maltratamos y sigue latiendo aunque nosotros lo sometamos durante años a los excesos.

Hasta que un día deja de hacerlo y nos deja el corazón partió.

@marcosduranf

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